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Después del Amado Dirigente

SEÚL – Corea es un país que no se parece a ningún otro. La Guerra Fría acabó cuando la Unión Soviética se desplomó en 1991 y ahora la mayoría de las personas del mundo la recuerdan como parte de la Historia. Sin embargo, la península de Corea sigue dividida conforme a líneas ideológicas y las dos Coreas coexisten como restos vivos de la Guerra Fría. Un total de casi un millón y medio de jóvenes soldados de Corea del Norte y de Corea del Sur se miran de frente a través de la profusamente armada Zona Desmilitarizada.

Sin embargo, los acontecimientos y las fuerzas estructurales han afectado y cambiado la naturaleza del sistema de Corea del Norte desde 1991. La repentina interrupción del suministro de petróleo y recursos naturales procedentes de Rusia a comienzos del decenio de 1990, el fracaso de la economía de planificación centralizada y la consiguiente hambruna en masa a mediados del decenio de 1990 no dejaron otra opción a los dirigentes de Corea del Norte que la de tolerar las actividades en mercados no regulados. En la actualidad, a todos los norcoreanos parece gustarles el dinero y conocen su valor.

La política de compromiso aplicada por el Gobierno de Corea del Sur en los últimos años ha contribuido también a los cambios en la forma de ver el mundo exterior y su abyecta situación económica por parte de los norcoreanos. En esas circunstancias desesperadas, los dirigentes de Corea del Norte se aferraron a su estrategia de fabricación de armas nucleares como último recurso para defender la seguridad de su régimen.

Pero, independientemente de si se resuelve la cuestión nuclear, la proliferación de las fuerzas del mercado en Corea del Norte seguirá cambiando todos los aspectos de la vida en ese país en los próximos años. Nadie sabe aún cuáles serán las consecuencias políticas de esos cambios económicos.