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Después de la dictadura

La guerra en Iraq acababa de comenzar cuando las mentes de quienes concibieron la invasión se pusieron a pensar en lo que debería de suceder después de la victoria sobre el régimen de Saddam Hussein, una victoria que todos asumían era inevitable. Los políticos y los expertos invariablmente han buscado establecer comparaciones con ejemplos recientes como Afganistán, Sierra Leona, Timor Oriental, pero también con casos más remotos y fundamentales.

Después de todo, lo que se espera en Iraq es la caída de una dictadura altamente ideológica. ¿Hay algo que podamos aprender de los últimos ejemplos de ese tipo, de la caída del comunismo en Europa oriental en 1989, o el fin del Tercer Reich en Alemania en 1945 y el proceso de "desnazificación" que le siguió?

Los riesgos de tales comparaciones son casi demasiado obvios. Cada caso ha tenido sus propias características distintivas. En el caso de la caída del comunismo, las experiencias de, digamos, Polonia y Rumania son profundamente distintas. A medida que cruzamos fronteras culturales aún más profundas, las comparaciones se hacen todavía menos relevantes. Sin embargo hay algunos temas que son comunes al desmantelamiento de la mayoría de las dictaduras ideológicas.

Uno de esos temas tiene que ver con el recuerdo y el manejo del pasado. Eso está conectado con una pregunta práctica: ¿quién está en posibilidades de construir un nuevo país sobre las ruinas del viejo régimen?