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Después de la asimilación

La migración humana es tan antigua como la historia. Incluso la migración a lugares distantes y culturas remotas no es nada nuevo. En el siglo diecinueve, millones de europeos buscaron libertad y prosperidad en el continente americano, particularmente en los Estados Unidos. Lo novedoso hoy en día es la escala de la migración, que a menudo cruza enormes barreras culturales... y con frecuencia sin un objetivo claro.

Los africanos que cruzan el Mediterráneo en pateras a menudo no están siquiera seguros de si desean vivir en Italia, Alemania o Gran Bretaña. Incluso los que saben a dónde desean ir, como los norafricanos en España y Francia, o los turcos en Alemania, tenían como prioridad escapar de la desesperanza de sus países de origen, no llegar a un destino en particular.

Esta moderna forma de migración genera grandes problemas a los países que la reciben. En Europa es probablemente el problema social más grave de la actualidad, ya que nadie tiene una idea definida acerca de cómo manejar el choque de culturas resultante.

Había un tiempo en que América del Norte, en especial los EE.UU., parecía tener la respuesta. Fue la del "crisol de culturas": diferentes pueblos hicieron su propia contribución a la cultura estadounidense, pero, sobre todo, hicieron todos los esfuerzos posibles para aceptar la cultura que encontraron e integrarse a ella. "No", contestó la mujer rusa que llegó a los EE.UU. a principios del siglo veinte a su nieto, cuando éste le preguntó si sus ancestros llegaron con los peregrinos del Mayflower. "Nuestro barco tenía otro nombre, pero ahora todos somos estadounidenses".