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Después de Annan

Entre los diplomáticos está de moda preguntar quién será el sucesor de Kofi Annan como Secretario General de las Naciones Unidas. El Secretario General Adjunto de Naciones Unidas, Shashi Tharoor, explora lo que implica ese trabajo.

"Es el trabajo más difícil del mundo" fue la descripción del puesto que el primer Secretario General de las Naciones Unidas, Trygve Lie, hizo a su sucesor, Dag Hammarskjold, en 1953. El tiempo no ha hecho que ese trabajo sea más fácil.

Los artífices de la carta de las Naciones Unidas le otorgaron al Secretario General dos funciones claras: la del "más alto funcionario administrativo de la Organización " y también la de un funcionario independiente al que la Asamblea General y el Consejo de Seguridad pueden encargar ciertas funciones no especificadas (pero implícitamente políticas). Cada titular del despacho debe demostrar si es más Secretario que General.

Las paradojas abundan. Se espera que el Secretario General cuente con el apoyo de los gobiernos, especialmente de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, pero no debe ser parcial hacia ninguno de ellos. Establece sus credenciales mediante el servicio burocrático o diplomático pero, una vez electo, debe dejar atrás su pasado y servir como una voz mundial, incluso como un "papa secular".