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El desgobierno africano en el banquillo

LA HAYA – Cuando el mundo centra la atención en la toma de posesión del primer presidente negro de los Estados Unidos y celebra un importante hito en la lucha permanente contra la igualdad racial, unos acontecimientos recientes al otro lado del Atlántico representan avances importantes en una campaña mundial conexa para acabar con la impunidad por los crímenes en masa.

En los próximos días, los jueces del Tribunal Penal Internacional de La Haya decidirán si remitir una orden de detención del Presidente del Sudán Omar al-Bashir por el crimen de genocidio y el 26 de enero el TPI iniciará su primer juicio: el de Thomas Lubanga Dyilo, antiguo señor de la guerra congoleño.

Ninguno de esos dos acontecimientos reviste una importancia transcendental, pero, juntos, esos dos pasos indican que un nuevo sistema de justicia internacional está funcionando. Los dirigentes gubernamentales y rebeldes de todo el mundo ya están avisados de que ya no se pasarán más conductas criminales.

Aunque la amenaza de procesamiento de al-Bashir ha provocado una protesta en Jartum, nadie espera que vaya a afrontar la justicia pronto. En cuanto a Lubanga, es uno de tantos que en el Congo han utilizado a civiles como peones en una guerra que ha costado más de cinco millones de vidas en el último decenio. Aunque graves, las acusaciones contra él –las de reclutar a niños soldados– no pretenden abarcar toda la diversidad de desmanes cometidos.