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Empoderar a la otra mitad de la economía africana

JOHANNESBURGO – Julius Nyerere, primer presidente de Tanzania, dijo en 1997 que aunque la “unidad no hará a África rica, puede evitar que África y los pueblos africanos sean subestimados y humillados”. Pero dos decenios más tarde, una fractura clave todavía divide al continente: la desigualdad de género. Para hacer realidad la visión de un continente fuerte y emancipado de Nyerere, África necesita una nueva era de liberación basada en el empoderamiento económico de sus mujeres.

La consultora McKinsey calculó que en 2040, África tendrá la mayor fuerza laboral del mundo, con más de 1100 millones de personas en edad de trabajar. Sin embargo, todavía más del 60% de la población africana sobrevive con menos de dos dólares al día. Es evidente que aunque muchos africanos alcanzaron la emancipación política (legado de la generación de Nyerere), la pobreza sigue siendo un problema importante. Y el mejor modo de superarlo es liberar el potencial profesional de las mujeres africanas.

En la actualidad, las africanas siguen subrepresentadas en las principales industrias y en puestos ejecutivos, debido a la discriminación en el entorno laboral y a las expectativas patriarcales en casa. A menos que se eliminen las barreras de entrada a la economía formal y las mujeres cuenten con opciones para hacer realidad todo su potencial, el desarrollo socioeconómico de África seguirá trabado. Pero todavía es muy común que a las mujeres se las vea como actores secundarios, a pesar de que su aporte es esencial para el progreso del continente. Por eso, las mujeres deben reclamar su derecho a participar en las decisiones y definir las políticas, los planes y las estrategias que afectarán sus vidas y las vidas de las generaciones africanas venideras.

Hay estudios que muestran que un aumento de la participación femenina en ocupaciones dominadas por los varones en África incrementaría la productividad laboral hasta un 25%. Eso beneficiaría a la economía en su conjunto, pero también a las mujeres en general, al abrir nuevas vías de empoderamiento social. La participación femenina en el mercado laboral y su involucramiento activo en la toma de decisiones empresariales o políticas modifica la dinámica patriarcal del poder y eleva el estatus social de las mujeres. La igualdad económica también cuestiona las creencias aceptadas y disipa mitos negativos que perpetúan definiciones estrechas de las normas de género. Es decir, el ingreso de más mujeres a la fuerza laboral conduce a la emancipación mental de hombres y mujeres por igual.

Lo que Nyerere dijo con tanta elocuencia sobre África en su conjunto vale también para las mujeres africanas: la clave para hacer realidad nuestro potencial es la unidad. Unidas y generando riqueza, se torna imposible subestimar nuestro aporte económico o marginarnos en nuestros emprendimientos.

En el Graça Machel Trust, trabajamos junto con actores de la sociedad civil, el sector privado y gobiernos de todo el continente en pos de un nuevo movimiento de liberación económica de las mujeres. Divididas, somos débiles, pero juntas, podemos confrontar y superar las barreras que nos han impedido participar plenamente en las economías de nuestros países.

Las redes son fuente de poder. La estrategia de promoción económica de mi organización es establecer y fortalecer redes, informales u oficiales, por cuyo intermedio las mujeres puedan, a su vez, aumentar su participación y visibilidad en sectores clave. Por eso lanzamos una iniciativa llamada “Women Advancing Africa”, como parte de nuestro esfuerzo continuo para dar voz a colectivos subrepresentados y establecer un movimiento panafricano en el que las mujeres podamos unirnos para transformar el continente.

Esta semana, en Dar es Salaam (Tanzania), se celebrará el foro inaugural de la iniciativa, con la asistencia de más de 250 líderes mujeres de todo el continente. Dentro del tema general “Impulso de la transformación social y económica”, el foro hará hincapié en tres objetivos estratégicos: promover la inclusión financiera, aumentar el acceso al mercado e impulsar el cambio social. Esperamos que del foro surja una agenda común para la búsqueda de una participación económica plena de las mujeres.

Han pasado poco más de veinte años desde que Nyerere nos alentó a trabajar por la unidad africana. Hoy, las africanas ayudan a definir políticas y prácticas que traerán liberación económica y social en sus respectivos países. Todavía falta para que la unidad africana sea una realidad. Pero habilitar la plena participación femenina en el futuro económico de África es una de las mejores formas de garantizarnos el triunfo.

Traducción: Esteban Flamini