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Priorizar a las ciudades secundarias de África

JOHANNESBURGO – En el último Ranking Global de Calidad de Vida de Mercer, la ciudad africana mejor posicionada, Port Louis, Mauricio, aparece en el puesto 83 entre 231. El dato parece estar en sintonía con un patrón más amplio: en términos de calidad de vida en sus ciudades, África está rezagada detrás de la mayoría de las otras regiones del mundo.

El mal desempeño de las ciudades africanas es una consecuencia preocupante de la planificación urbana en el continente, particularmente si se considera que la urbanización allí avanza a pasos acelerados, más allá de si sus líderes tienen planes en marcha o no para administrar el proceso. Según la OCDE, como “se proyecta que África va a tener la tasa de crecimiento urbano más rápida del mundo”, sus “ciudades albergarán a 950 millones de personas más” para 2050. Frente a estas tendencias, los responsables de las políticas africanos necesitan con urgencia hacer que las ciudades de la región sean más atractivas para los inversores, los empresarios y los turistas internacionales, garantizando a la vez que la urbanización siga siendo inclusiva.

Pero existe otra tendencia clave que se ha pasado por alto: la creciente importancia de las ciudades secundarias de África. La urbanización en África no sólo tiene que ver con las megaciudades emergentes como Johannesburgo, Kinshasa, Nairobi, Jartum, Casablanca y el Gran Cairo, que por sí solas albergarán a unos 38 millones de personas en 2050. La población también está creciendo en las “ciudades intermedias” de África, que vinculan las zonas alejadas y rurales con los centros urbanos más grandes.

Las ciudades secundarias desempeñarán un papel central a la hora de abordar los importantes desafíos sociales, económicos y políticos que nos aguardan. Sin embargo, por lo general no están en el radar de la mayoría de los responsables políticos. Por ejemplo, existe una falta deplorable de datos exhaustivos sobre el delito y la vigilancia policial en las ciudades secundarias africanas. Y cuando los grupos de expertos y las instituciones multilaterales publican informes especiales sobre la urbanización africana, tienden a centrarse únicamente en los logros y los retos de las grandes ciudades, mientras que ignoran las cuestiones de gobernanza, las condiciones económicas y el desarrollo de infraestructura en zonas urbanas menores. 

Afortunadamente, Africapolis, una alianza entre Sahel and West Africa Club de la OCDE y e-Geopolis.org, ha compilado datos nuevos y valiosos para expandir el alcance del debate sobre la urbanización de África. Al integrar datos sobre miles de aglomeraciones de personas –muchas con menos de 100.000 habitantes-, Africapolis ofrece una base de evidencia a la que los responsables de las políticas pueden recurrir para evaluar cómo se están desarrollando los procesos de urbanización.

Por ejemplo, datos de Africapolis demuestran que, en lo que concierne a la infraestructura, las inversiones financieras, el desarrollo de la tierra y la gestión urbana, pocas ciudades secundarias africanas tienen autonomía para implementar una planificación estratégica de largo plazo. Esto sugiere que los gobiernos nacionales necesitan delegar más poder en manos de los responsables de las políticas municipales. También necesitan tener en cuenta a las ciudades secundarias cuando diseñan estrategias de desarrollo nacionales y subnacionales. Al ubicar más servicios gubernamentales y administrativos en ciudades secundarias, los gobiernos nacionales pueden hacer que estas zonas urbanas sean más atractivas y capaces de satisfacer las necesidades de los ciudadanos.

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Las conclusiones de Africapolis también revelan que las megaciudades y las ciudades secundarias africanas están profundamente entrelazadas. Las megaciudades pueden ofrecer un sinnúmero de oportunidades a los ciudadanos, simplificando el suministro de servicios públicos y conectando a los trabajadores con empleos más calificados. Pero el rápido crecimiento de la población puede resultar en salarios más bajos, una pobreza persistente, escasez de vivienda y otros problemas.

Debido a su tamaño, las ciudades secundarias podrían mitigar algunos de los efectos colaterales negativos de la urbanización vertiginosa en las megaciudades y hacer que el proceso sea más equilibrado. Después de todo, ellas también pueden ofrecer bienes y servicios básicos como vivienda, atención médica y educación, y probablemente a un costo menor. Quizá sea por eso que los expertos en urbanización cada vez más hayan visto a las ciudades secundarias como la clave para un crecimiento más inclusivo, que requiere que las oportunidades se distribuyan equitativamente en toda la sociedad, y no que estén concentradas en unos pocos centros exclusivos.

Las ciudades secundarias también pueden impulsar a las economías nacionales africanas. Además de ofrecer servicios e instalaciones públicos, pueden servir como centros de procesamiento para la agricultura y las industrias extractivas, o pueden convertirse en centros exportadores –como el caso de Warri en Nigeria, Garoua en Camerún y el Distrito Huye en Ruanda-. Al capitalizar las ventajas geográficas de sus ciudades secundarias, los responsables de las políticas pueden elevar los perfiles nacionales y hasta globales de estas zonas, y crear nodos comerciales e industriales altamente competitivos.

Incorporar las ciudades secundarias en sus estrategias de desarrollo nacionales es beneficioso para todos los gobiernos africanos. Las megaciudades por sí solas no pueden garantizar una urbanización y un crecimiento inclusivos. Pero en concierto con las ciudades secundarias, pueden servir como nodos en una red más amplia de actividad económica que cubra todo el territorio de un país. Y al acelerar el desarrollo regional, un respaldo de las ciudades secundarias fortalecería a las propias megaciudades. No existe ningún motivo para que las megaciudades y las ciudades secundarias de África no puedan transformarse en imanes para la gente de todo el continente y el mundo.

https://prosyn.org/u8WGsmp/es;

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