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La democracia en peligro de África

NUEVA YORK – En las elecciones presidenciales del Senegal, que se celebrarán el 26 de febrero, está en juego el futuro de una de las democracias más antiguas de África. El Presidente saliente, Abdoulaye Wade, antes destacado defensor de la democracia, ha pasado a ser, cuando cuenta casi noventa años de edad, su sepulturero.

Desde que tomó posesión de su cargo en 2000, Wade ha estado trasteando peligrosamente con la Constitución del Senegal. De los quince cambios que Wade hizo en la Constitución, diez de ellos debilitaron la democracia; los otros fueron erráticos, si no estrambóticos. Por ejemplo, en determinado momento Wade abolió el Senado, pero lo reinstauró después de comprender que se podía utilizar para recompensar a aliados políticos. Asimismo, redujo la duración del mandato presidencia de siete años a cinco, pero después restableció los siete años.

En febrero de 2007, Wade fue reelegido Presidente del Senegal entre acusaciones de la oposición de que la elección no había sido libre y justa. A consecuencia de ello, la oposición boicoteó las elecciones parlamentarias de junio de 2007. Fue un error, porque el boicot brindó a Wade el control absoluto de la legislatura, además de la capacidad para nombrar sin trabas a los jueces del Tribunal Constitucional.

En el pasado mes de junio, Wade intentó lo que habría equivalido a un golpe constitucional. La encuesta de opinión creíble y más reciente en el Senegal, hecha el año anterior, había indicado que Wade obtendría solo el 27 por ciento del voto en las próximas elecciones presidenciales. Dada la disposición constitucional vigente sobre la celebración de una segunda vuelta, si ningún candidato obtiene el 50 por ciento y si los partidos de la oposición se unieran tras un candidato común, Wade perdería casi con toda seguridad.