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Los Niños Soldados de África

Siendo un niño, cuando uno se une al ejército, uno piensa que va a ver la guerra como en las películas. No es así. En mi primer combate pensé que iba a morir, que nunca volvería a ver a mi madre.

Fue a mitades de la década de 1980, cuando atacamos una guarnición fortificada en Uganda occidental. Yo tenía 15 años y era parte de un movimiento dirigido a liberar a mi país del corrupto régimen de Milton Obote, quien había sucedido al asesino Idi Amin.

Mi líder era un hombre inspirador, valiente y talentoso, Yoweri Museveni, ahora presidente de Uganda. Museveni creía que los jóvenes combatientes no sólo necesitaban habilidades marciales, sino también una conciencia política de la causa por la que peleaban, es decir, dar fin a la codicia y a las alucinaciones de los líderes del África postindependencia.

Siendo todavía un adolescente, aprendí que el objetivo de la guerra era la transformación social y política. Estando en acción, llegué a tener lástima de los prisioneros enemigos porque yo tenía una causa por la cual pelear y ellos no. Motivado por una agenda política -la renovación de mi maltratado país- subí de rango para convertirme en un ayudante de confianza del círculo cercano a Museveni. En 1986, no mucho tiempo después de mi décimosexto cumpleaños, Museveni derrocó a Obote. La guerra terminó. Pero no para mí.