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Las aterrorizadas mujeres del Afganistán

KABUL – Recientemente, la oficina de la Comisión Independiente de Derechos Humanos del Afganistán (CIDHA) de la provincia de Kudoz informó del rescate de una joven que había estado presa en una mazmorra de sus suegros durante siete meses. Sahar Gul, de quince años de edad, fue obligada a casarse con un hombre mayor que presta servicio en el ejército afgano. Después la familia de su marido la mantuvo en la mazmorra y la torturó brutalmente durante meses, porque se negó a trabajar de prostituta.

En los diez últimos años, la CIDHA ha recibido más de 19.000 denuncias relativas a violencia contra las mujeres. Pese a haber logrado algunos avances en la investigación de dichas denuncias y su remisión al sistema judicial, además de haber contribuido a la sensibilización a ese respecto, las dificultades siguen siendo enormes.

Desde 2002, se han adoptado muchas medidas para mejorar la vida de las mujeres en el Afganistán. El país ha promulgado varias leyes nuevas y ha establecido un marco jurídico bastante avanzado para poner fin a la discriminación contra las mujeres, incluida una nueva ley que tipifica como delito cualquier acto que entrañe violencia contra las mujeres.

Pero las leyes y las políticas no son suficientes por sí solas para proteger a las mujeres de unos horrendos malos tratos domésticos. De hecho, el caso Gul no es el único del que se ha hablado mucho públicamente. También hubo el de Gulnaz, una joven que fue encarcelada como adúltera después de haber sido violada por un pariente (recientemente ha sido liberada tras concedérsele un perdón presidencial, pero puede verse obligada a casarse con su atacante). El marido de otra joven, Aisha, le cortó la nariz y los oídos, cuando se escapó de su casa.