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Afganistán está perdido sin una mejor gobernancia

NUEVA YORK – Estados Unidos y sus aliados afganos y de la OTAN han demostrado un progreso inequívoco en Afganistán este año. La actual campaña en Marja, el arresto del mullah Abdul Ghani Baradar y dos “gobernadores en las sombras” talibanes en Pakistán y el reciente ataque con aviones teledirigidos que tuvo como víctimas a altos líderes de la red Haqqani afiliada a Al Qaeda son todos pasos claros en la dirección correcta.

Sin embargo, no importa qué más progresos se hagan, Estados Unidos y sus aliados no pueden triunfar en Afganistán a menos que lo haga el gobierno afgano –y ese gobierno está avanzando en la dirección equivocada-. A menos que esto cambie, todos los otros esfuerzos en definitiva serán en vano y los niveles actuales de compromiso internacional en Afganistán se volverán injustificables.

El presidente norteamericano, Barack Obama, definió los siguientes objetivos de Estados Unidos en Afganistán: negarle a Al Qaeda refugio, revertir el ímpetu de los talibanes y ayudar a las fuerzas de seguridad y al gobierno del país a “asumir la responsabilidad principal en el futuro de Afganistán”. Con este objetivo, Obama lanzó un “incremento” militar de 18 meses con el respaldo de otros países miembro de la OTAN, tras lo cual vendría el comienzo de la retirada.


Para alcanzar estos objetivos en tan corto plazo, la OTAN y sus socios afganos deben superar tres obstáculos gigantescos. Primero, deben combatir con mucho más éxito contra los talibanes en aras de crear espacio para la reconstrucción y una posible negociación. Segundo, deben convencer a Pakistán de empezar a oponerse activamente a los talibanes afganos y negarles el refugio y el respaldo que actualmente reciben en Pakistán. Tercero, deben respaldar el surgimiento de un gobierno afgano legítimo al que los ciudadanos no consideren, como sucede con el actual gobierno, corrupto e ineficaz.