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Europa necesita una pausa

PRINCETON – La semana pasada, en un discurso muy esperado, el presidente alemán, Joachim Gauck, alertó contra la búsqueda ciega de una Unión Europea “cada vez más estrecha” y reconoció que la creciente desigualdad entre los estados miembros genera “una sensación de intranquilidad, incluso de enojo innegable” y aumenta el riesgo de humillación para algunos países. Agregó que, además de la crisis económica, hay una “crisis de confianza en Europa como proyecto político”.

Aunque dejó en claro que sigue siendo un firme partidario de Europa, Gauck destacó la necesidad de reflexionar más profundamente acerca del futuro del continente, y especialmente, el futuro de la eurozona. Los europeos están en el umbral del camino a una mayor integración y se muestran vacilantes e “inseguros respecto de si emprender o no el viaje”. Gauck declaró que para resolver estas dudas será necesario comprender a fondo y en todas sus sutilezas el verdadero significado de la expresión “más Europa”.

Es posible que Gauck se haya quedado corto: quizá seguir reforzando la unión actual ya sea un espejismo político. Cualquier avance significativo hacia la estabilización de la eurozona demanda un compromiso financiero importante (y tal vez ilimitado), y la UE no está políticamente lista para cruzar esa frontera. Sus constantes amagues de avance, que después se convierten en retroceso al llegar al punto crucial, están agravando la incertidumbre política y la vulnerabilidad económica.

Por eso, en vez de esta búsqueda dubitativa de mayor unidad, tal vez sea momento para que las autoridades nacionales de los países de la eurozona recuperen la soberanía efectiva. Este cambio serviría para aliviar la ansiedad en el corto plazo y daría a los europeos tiempo para reagruparse y preparar los próximos pasos en dirección a una Europa más integrada y un euro más resistente.