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El talón de Aquiles de la Trumpeconomía

NEW HAVEN – La estrategia económica de Donald Trump está plagada de imperfecciones. El presidente electo de Estados Unidos quiere restablecer el crecimiento a través de un gasto basado en déficit en un país con una escasez crónica de ahorro. Esto apunta a una mayor compresión del ahorro nacional, lo que hace que una ampliación de una brecha comercial ya sobredimensionada resulte inevitable.

Esa dinámica revela el talón de Aquiles de la Trumpeconomía: un sesgo proteccionista evidente que choca frontalmente con la dependencia ineludible de Estados Unidos del ahorro externo y de los déficits comerciales para sustentar el crecimiento económico.

 1972 Hoover Dam

Trump and the End of the West?

As the US president-elect fills his administration, the direction of American policy is coming into focus. Project Syndicate contributors interpret what’s on the horizon.

La administración Trump no heredará una economía estadounidense fuerte y sólida. El ritmo de recuperación desde la Gran Recesión ha sido la mitad de lento que los rebotes cíclicos normales -lo cual es más inquietante dada la enorme magnitud de la contracción en 2008-2009-. Y los ahorros, el germen de la prosperidad futura, siguen siendo terriblemente escasos. La llamada tasa de ahorro nacional neta -la suma ajustada por depreciación del ahorro de empresas, hogares y gobierno- era de apenas el 2,4% del ingreso nacional a mediados de 2016. Si bien eso es una mejora respecto de la posición de ahorro negativa sin precedentes en 2008-2011, sigue estando lejos del promedio del 6,3% que prevaleció en las últimas tres décadas del siglo XX.

Esto es importante porque explica los déficits comerciales perniciosos contra los que Trump sigue despotricando. Sin ahorros y con la intención de crecer, Estados Unidos debe importar ahorro excedente del exterior. Y la única manera de atraer ese capital extranjero es mediante déficits masivos de cuenta corriente y comercial. Los números lo confirman: desde 2000, cuando el ahorro nacional cayó muy por debajo de la tendencia, el déficit de cuenta corriente se amplió a un promedio del 3,8% del PIB -casi cuatro veces la brecha del 1% de 1970 a 1999-. De la misma manera, el déficit de exportaciones netas -la medida más amplia del desequilibrio comercial de un país- ha sido del 4% del PIB desde 2000, comparado con un promedio del 1,1% en las últimas tres décadas del siglo XX.

La Trumpeconomía tiene la causa y el efecto detrás de este retroceso. Se obsesiona con las causas específicas por país del déficit comercial, como China y México, pero no ve el punto fundamental de que estos déficits bilaterales son síntomas de un problema de ahorro mucho más profundo en Estados Unidos. Supongamos por el momento que Estados Unidos cierra el comercio con China y México -el primer y cuarto componente más grande del déficit comercial total- a través de una combinación de aranceles y otras medidas proteccionistas (incluida la renegociación propuesta del TLCAN y un muro financiado por México). Si no se aborda la escasez de ahorro crónica de Estados Unidos, los componentes chino y mexicano del déficit comercial simplemente serán redistribuidos a otros países -muy probablemente a productores de costos más elevados-. El resultado sería el equivalente funcional de un alza de impuestos a las familias atribuladas de clase media de Estados Unidos.

En resumen, no existe una reparación bilateral para un problema multilateral. Estados Unidos tenía déficits comerciales con 101 países en 2015 -un problema multilateral que surge de una escasez de ahorro que no se puede resolver de manera efectiva con "remedios" específicos por país-. Eso no quiere decir que los socios comerciales de Estados Unidos deberían seguir ejerciendo prácticas injustas. Pero sí implica que existe una esperanza limitada de resolver los déficits comerciales aparentemente crónicos -y la erosión relacionada de las contrataciones domésticas vinculadas a esos desequilibrios- si Estados Unidos no empieza a ahorrar otra vez.

Desafortunadamente, la situación se va a tornar más complicada. Al parecer, es probable que la Trumpeconomía exacerbe la escasez de ahorro de Estados Unidos en los próximos años. Los análisis del Tax Policy Center, de la Tax Foundation y de Moody's Analytics indican que los déficits presupuestarios federales en el plan económico de Trump están encaminados hacia por lo menos el 7% del PIB en los próximos diez años. Los asesores sénior de Trump en materia de política económica, Peter Navarro y Wilbur Ross, sostuvieron en un informe de situación en septiembre que estas estimaciones son erradas, porque no tienen en cuenta las "ganancias inesperadas generadoras de crecimiento" como resultado de las reformas regulatorias y energéticas, o la bonanza agregada que debería surgir de un achicamiento marcado del déficit comercial de Estados Unidos.

Por cierto, el análisis de Navarro-Ross atribuye un 73% de las ganancias generadoras de crecimiento de la Trumpeconomía a una enorme mejora de la balanza comercial general en los próximos diez años. Sin embargo, como dije más arriba, si no hay un incremento milagroso del ahorro nacional, esto es sumamente dudoso. La contabilidad creativa, durante mucho tiempo un elemento esencial de la economía del lado de la oferta, nunca ha sido más imaginativa.  

Allí reside una de las desconexiones más notorias de la Trumpeconomía. Ponerse duro en materia de comercio en un momento en el cual el ahorro nacional está a punto de sufrir una presión cada vez mayor simplemente no suma. Hasta las estimaciones más conservadoras del déficit presupuestario federal sugieren que la tasa de ahorro nacional neta ya deprimida podría volver a entrar en territorio negativo en algún momento del período 2018-2019. Eso ejercería una presión renovada sobre los déficits de cuenta corriente y comercial, lo que tornaría extremadamente difícil revertir la pérdida de empleos e ingresos por la cual los políticos rápidamente culpan a los socios comerciales de Estados Unidos.

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Irónicamente, en la inminente era de ahorro negativo, Estados Unidos descubrirá que cada vez depende más del ahorro excedente del exterior. Si la administración Trump apunta a los principales prestadores extranjeros -por caso, China-, su estrategia rápidamente podría volvérsele en contra. Como mínimo, podría haber un impacto adverso en los términos según los cuales Estados Unidos se endeuda en el exterior; eso podría significar tasas de interés más altas -de las cuales ya hay indicios evidentes- y, en definitiva, una presión bajista sobre el dólar. Y, por supuesto, éste es el peor escenario de una escalada de la guerra comercial global.

El proteccionismo, el ahorro anémico y el gasto basado en déficit conforman un cóctel especialmente tóxico. En la Trumpeconomía, será excesivamente difícil lograr que Estados Unidos vuelva a ser grande.