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Abdullah en riesgo

La propuesta de paz del príncipe Abdullah nació en Arabia Saudita pero hay quien dice que fue concebida en los EU. El plan, revelado a un periodista estadounidense durante una cena privada con el Príncipe, se centra en la ``total normalización'' de las relaciones entre Israel y todos los países árabes, a cambio del retiro israelí de todos los territorios palestinos que ocupó en 1967. La propuesta podría verse reforzada cuando Abdullah se reúna con el presidente Bush en Texas durante la primavera, pero su sobrevivencia temprana depende primero de cómo sea recibida en la próxima cumbre árabe que se celebrará en Beirut.

Las suspicacias que envuelven a la iniciativa de Abdullah, y que la descartan como muerta antes de nacer, se basan en las sospechas de que fue concebida para aplacar a los críticos de Arabia Saudita en los EU y para evitar que se centren en las tensiones internas del país. Desde el 11 de septiembre, Arabia Saudita ha estado bajo una intensa presión para explicar sus vínculos con la red terrorista al-Qaeda de Osama bin Laden porque quince de los diecinueve secuestradores eran sauditas (de hecho, se dice que la mayoría de los detenidos por EU en la Bahía de Guantánamo en Cuba son ciudadanos sauditas), y con frecuencia se considera que las principales fuentes de financiamiento de al-Qaeda son sauditas. Más aún, se afirma que el gobierno saudita está preocupado por calmar a los Estados Unidos, a pesar del inicio de la segunda intifada, y de que Israel siga ocupando Palestina.

Al mismo tiempo, la opinión pública saudita se ha enardecido, sobre todo por la aparente apatía de sus líderes ante el sufrimiento del pueblo palestino, particularmente cuando se compara con la propaganda letal de Osama bin Laden. Desde los ataques terroristas del 11 de septiembre, los líderes sauditas se han sentido presionados a dar cabida al rechazo del público al maltrato a los palestinos, pero les preocupa que hacerlo podría poner en peligro sus frágiles relaciones con Estados Unidos aún más.

La iniciativa del príncipe Abdullah generó sorpresa generalizada no porque la idea sea sorprendentemente novedosa, sino por su fuente y el momento en que se da. Una propuesta para la ''normalización total'' con Israel, proveniente de un régimen islámico que basa su legitimidad en las austeras doctrinas islámicas de los wahabíes parece tanto peculiar como progresiva. Sin embargo, la imagen de estabilidad, benevolencia y armonía comunitaria mística que durante tanto tiempo ha cultivado Arabia Saudita ha cedido ante la interminable y penetrante mirada de la prensa estadounidense. Ahora también se está describiendo cada vez más a su sistema educativo como centro de cultivo del odio en contra de Occidente.