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Autopsia de Yukos

Yukos, que en tiempos fue la principal compañía petrolera de Rusia y favorita de los inversores internacionales, está agonizando. En una subasta, que muchos consideraron amañada, sus mejores activos fueron vendidos a un postor antes desconocido y ahora vuelven a estar en manos del Estado ruso. Los que quedan siguen impugnando el destino de la compañía, en particular en un tribunal de Houston (Texas), pero esos espasmos no resucitarán el cadáver. Lo que ahora importa es si la economía de Rusia compartirá el destino de Yukos.

El perjuicio causado a las perspectivas de crecimiento económico de Rusia por el caso Yukos pueden aún ser temporales, siempre que no se repita una actuación semejante con otras empresas, pero, para saber si el de Yukos será un caso aislado, como insiste el Kremlin, hay que interpretar los motivos del Presidente ruso Vladimir Putin.

Una posibilidad es la de que Putin no sea sincero sobre su objetivo de duplicar el PIB de Rusia en un decenio. Encuestas de opinión recientes indican que ésa es la opinión de gran parte del cínico público de Rusia. Según dicha opinión, las privatizaciones del decenio de 1990 fueron un chanchullo que sólo sirvió a los poderes establecidos.

Pero cualquier revocación de dichas privatizaciones –como la efectiva expropiación de Mijail Jodorkovsky y sus socios de Menatep en Yukos- no significa el amanecer de la justicia social, sino un nuevo grupo de jefes “expropiando a los expropiadores”, como decía Lenin.