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Un año de aniversarios e incertidumbres

ALBERTA – Cuando China entra en el “año del buey”, hay mucho que reflexionar sobre los doce meses pasados y más aún que conjeturar sobre el año que llega. El año 2008 comenzó con unas nevadas devastadoras que paralizaron la mayor parte del sistema central y meridional de transportes de China, interrumpieron la vida normal y causaron graves daños materiales. Después llegaron los disturbios en el Tíbet, que cogieron desprevenido al gobierno, seguidos de protestas desconcertantes por el relevo de la antorcha olímpica en varios países occidentales y asiáticos.

Después, cuando los chinos se preguntaban por qué había comenzado con tanta desgracia 2008, año de supuesta buena suerte al estar marcado por el afortunado número ocho, un mortífero terremoto azotó la provincia de Sechuan y mató a 80.000 personas y dejó a millones de ellas sin casa. El país, que salió más unido de esa tragedia, dio la bienvenida al mundo en las tan esperadas Olimpiadas, que resultaron extraordinariamente logradas, pero no tardaron en quedar substituidas por el escándalo de los productos lácteos contaminados, en el que muchos niños enfermaron y algunos murieron.

En contraste con el año pasado, cuando la afluencia de visitas familiares para la celebración del Año Nuevo lunar resultó entorpecida por tormentas inusitadas, este año millones de trabajadores migrantes ya han regresado a sus hogares rurales. Muchos se quedarán en ellos, porque la recesión económica mundial ha afectado duramente a China y les ha costado sus puestos de trabajo.

El año 2009, salpicado con un montón de aniversarios extraordinariamente delicados, podría resultar aún más dramático e imprevisible que 2008. Se acercan rápidamente no sólo el aniversario en marzo de los disturbios del año pasado en el Tíbet, sino también el quincuagésimo aniversario de los disturbios tibetanos en 1959, que provocaron el exilio del Dalai Lama y sus seguidores.