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Un mundo de regiones

NUEVA YORK – En casi todas las partes del mundo, se pueden resolver problemas enconados durante mucho tiempo mediante una cooperación más estrecha entre países vecinos. La Unión Europea ofrece el mejor modelo de cómo vecinos que se habían combatido durante mucho tiempo pueden agruparse en pro del beneficio mutuo. Resulta irónico que la decadencia actual del poder americano en el mundo llegue a propiciar una cooperación regional más eficaz.

Puede parecer extraño elogiar en este momento a la UE, en vista de las crisis económicas de Grecia, España, Portugal e Irlanda. Europa no ha resuelto el problema del equilibrio de intereses entre las economías fuertes del Norte y las más débiles del Sur. Aun así, los logros de la UE cuentan muchísimo más que sus dificultades actuales.

La UE ha creado una zona de paz donde en tiempos hubo guerra incesante. Ha brindado el marco institucional para reunificar la Europa occidental y la oriental. Ha fomentado las infraestructuras a escala regional. El mercado único ha sido decisivo para hacer de Europa uno de los lugares más prósperos del planeta y la UE ha encabezado la sostenibilidad medioambiental en el mundo.

Por esas razones, la UE ofrece un modelo excepcional para otras regiones que siguen empantanadas en los conflictos, la pobreza, la falta de infraestructuras y la crisis medioambiental. Nuevas organizaciones regionales, como, por ejemplo, la Unión Africana, miran a la UE como modelo por el papel que desempeña en la resolución de los problemas regionales y la integración. Aun así, hasta ahora la mayoría de las agrupaciones regionales han seguido siendo demasiado débiles para resolver los problemas apremiantes de sus miembros.