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Un voto contra la votación en Pakistán

ISLAMABAD -- Mientras Pakistán se prepara para sus elecciones parlamentarias el 18 de febrero, muchos observadores esperan que el voto dé lugar a un período de estabilidad y calma dándole legitimidad popular al gobierno. Pero a veces la mejor manera de favorecer la democracia es negándose a participar. La próxima elección, que se llevará a cabo bajo el Orden Constitucional Provisional implementado ilegalmente tras el estado de emergencia decretado por el presidente Pervez Musharraf el 3 de noviembre, es uno de estos casos, razón por la cual mi partido y sus socios de la coalición boicotean las elecciones.

Sin duda, participar en la elección le ofrecería a mi partido una gran oportunidad para acercarle algunas cuestiones a la gente. De hecho, el respaldo a mi partido ha estado creciendo -hoy las encuestas de opinión indican que es el segundo más popular en la provincia fronteriza- y gana terreno en todas las demás provincias.

Pero las elecciones en sí mismas no conllevan a la democracia. El presidente de Zimbabwe, Robert Mugabe, ama las elecciones. El presidente egipcio Hosni Mubarak ha llevado a cabo elecciones durante 27 años. Islam Karimov de Uzbekistán ha estado en el poder por 30 años y acaba de ser "electo" para un nuevo mandato presidencial de siete años. Las elecciones sólo tienen sentido si se las percibe como libres y justas, lo que requiere de árbitros independientes.

Cuando nació mi partido hace once años, nos llamamos Movimiento por la Justicia. Exigíamos un poder judicial independiente, porque creíamos que la democracia y la prosperidad son imposibles sin el imperio de la ley, y ese imperio de la ley requiere un poder judicial que pueda actuar como una coacción al gobierno. Al haber asistido a la universidad en países occidentales, estábamos inspirados en el sistema norteamericano de regulación gubernamental.