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¿Debería Europa estar practicando la fragmentación hidráulica?

BRUSELAS – La comunidad mundial de la energía está apasionadísima con la fracturación hidráulica, tecnología bastante reciente que ha abierto reservas de gas antes inaccesibles por estar atrapadas en formaciones subterráneas de esquisto. El auge de esa producción de gas de esquisto ha permitido a los Estados Unidos pasar a ser casi autosuficientes en materia de gas natural.

En cambio, Europa va claramente a la zaga. La exploración está avanzando sólo vacilantemente y la producción de gas de esquisto ni siquiera ha comenzado, lo que ha movido a muchos observadores a lamentar que Europa esté a punto de perder la próxima revolución energética. ¿Deberían estar preocupados los europeos?

Los críticos de la evidente falta de entusiasmo de Europa por la fracturación hidráulica pasan por alto dos aspectos fundamentales. En primer lugar, la geología de Europa es diferente de la de los Estados Unidos. Hay una gran diferencia entre los posibles depósitos ocultos en algún punto de grandes formaciones de esquisto y las reservas recuperables que se pueden producir económicamente.

De hecho, los cálculos aproximados de la Agencia Internacional de la Energía indican que las más importantes reservas recuperables de gas de esquisto están en los EE.UU. y en China, no en Europa. Además, incluso esos cálculos no son en realidad mucho más que suposiciones con algún fundamento, porque sólo en los EE.UU. se han sometido las formaciones de esquisto a una exploración intensa durante decenios.