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Xi en Rusia

MOSCÚ – Las interferencias alrededor del inminente viaje de Xi Jinping a Rusia -su primera visita a un país extranjero como nuevo presidente de China- me recuerdan a un eslogan de mi temprana niñez a fines de los años 1950: "Rusia-China, amistad para siempre". La ironía es que, incluso en el apogeo de ese eslogan, las relaciones sino-rusas se estaban deteriorando rápidamente y culminaron en espasmos de combate a lo largo del río Amur en Siberia menos de una década después. ¿Ese eslogan es más válido hoy?

Después de que China abrió su economía y Rusia emergió de la Unión Soviética, las relaciones bilaterales entraron en una nueva etapa. Hoy prevalece la buena voluntad, pero permanecen algunas de las viejas sospechas -a la vez que han surgido algunas nuevas.

No se espera que la visita de Xi genere algún avance. Se pueden esperar algunos acuerdos para exportar hidrocarburos a China, pero no mucho más. Sin embargo, la visita pondrá de manifiesto algunas características importantes de la relación bilateral.

Para empezar, los gobiernos tanto ruso como chino pueden permitirse restarle importancia a sus vínculos con Estados Unidos. China ve a Rusia como su retaguardia -y quizás una base- estratégica en su creciente rivalidad con Estados Unidos (aunque todavía no como un aliado). Los líderes de Rusia consideran que la competencia sino-norteamericana se suma favorablemente al peso estratégico de su país que, a diferencia del de China, no resulta favorecido por un crecimiento económico robusto. Cuanto más desafíe Estados Unidos la expansión inevitable del "perímetro de seguridad" de China, mejor para Rusia, o al menos es lo que parecen creer los estrategas del Kremlin.