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Un cuento de dos elecciones

LONDRES – Las elecciones individuales no siempre mejoran la democracia -un recordatorio útil de que las urnas son sólo una parte, aunque central, en cualquier sociedad libre y plural-. Por supuesto, también existen ejemplos maravillosos de elecciones que fortalecen tanto la estabilidad como las instituciones de una comunidad.

Acabamos de ser testigos de un ejemplo de este segundo tipo de elecciones en la India, la democracia más grande del mundo, donde 420 millones de votantes allí le otorgaron a un gobierno liderado por el Partido del Congreso una mayoría sólida-. En muchos sentidos fue un triunfo personal del primer ministro, Manmohan Singh. Su victoria demuestra que es posible triunfar en la política a través de la decencia, la honestidad y un alto nivel de inteligencia. Sonia Gandhi y su familia también deberían atribuirse el mérito de poner al frente de su campaña la visión de una sociedad incluyente, que rechaza las divisiones basadas en la casta, la etnicidad, el idioma y la religión.

El resultado debería ayudar a la India a continuar -no sin alguna turbulencia ocasional- su recorrido hacia convertirse en una economía de alto crecimiento que mejora el nivel y la calidad de vida de los pobres.

Ojalá en Europa pudiéramos aspirar a una experiencia democrática igualmente saludable el mes próximo cuando los votantes en toda la Unión Europea elijan nuevos miembros del Parlamento Europeo. Desde 1979, estos representantes han sido elegidos de manera directa más que indirecta en los parlamentos nacionales. Pero la asistencia a las urnas en estas elecciones ha venido cayendo en varios países. Existe el peligro de que la cantidad de personas que voten en junio sea inferior que en cualquier otro momento en la historia.