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Una historia de dos moratorias

BRUSELAS - Había una vez, un país plagado de grandes déficits, elevada inflación, y décadas de estancamiento económico. Cuando, una vez más, los problemas económicos se tornaron especialmente agudos, los líderes del país adoptaron un enfoque radical para lograr la estabilidad de precios.

Se introdujo una nueva moneda y se la indexó al dólar de EE.UU., con una tasa de cambio uno a uno. Una nueva ley estipuló que esta unión cuasi-monetaria duraría para siempre. Es más, se abrió la economía, se privatizaron las empresas estatales, y el país participó en una importante iniciativa de libre comercio regional.

Inicialmente, la nueva alineación funcionó muy bien. Regresó el crecimiento, y la confianza entre los inversores extranjeros era tal que llegaron grandes flujos de inversión extranjera directa, especialmente en el sector bancario.

Pero, después de unos 10 años, la historia de éxito se tornó en amarga. El socio comercial dominante de la región devaluó su moneda y el dólar de EE.UU. se apreció considerablemente. El país, por lo tanto, tenía problemas de exportación. Surgieron déficits externos y el crecimiento se enlenteció.