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Hacia un mundo totalmente vacunado

ABU DHABI/NUEVA YORK – Para vacunar a un niño basta un momento (y a lo sumo, que llore un poco). Pero ese momento es fundamental para que el niño empiece su vida con salud y para que podamos acercarnos a cumplir nuestros objetivos mundiales de salud y desarrollo.

Por eso coincidimos con el príncipe heredero de Abu Dhabi, Mohamed bin Zayed bin Sultan Al Nahyan, en destacar la importancia de la primera cumbre mundial que se celebra esta semana en aquella ciudad y cuyo objetivo es garantizar los beneficios de la vacunación para todos los niños del mundo.

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La vacunación es una medida de protección que dura toda la vida; es también una de las inversiones más eficaces que se pueden hacer para lograr un mundo mejor. Las vacunas erradicaron la viruela y dejaron la polio al borde de la erradicación; las vacunas salvaron a millones de niños del sarampión, la difteria, el tétanos y otras enfermedades mortales o discapacitantes. Fue en parte gracias a las vacunas que la cantidad de niños que no llegaron a los cinco años de vida se redujo de 20 millones en 1960 a 6,9 millones en 2011, a pesar del gran aumento de la población mundial que se dio al mismo tiempo.

De todos los activos con que cuenta cualquier país, el mayor es la energía y el talento de su gente. Las enfermedades atentan contra ese capital, y esta pérdida es especialmente grave para los países pobres que luchan por integrarse a la economía global. Pero cuando los niños están sanos, sus familias se liberan de la carga de afrontar costosos tratamientos médicos y pueden dedicar más recursos a la alimentación y la educación. Los niños sanos asisten más a la escuela, aprenden mejor y se convierten en adultos más productivos. Hay investigaciones recientes que demuestran que la vacunación mejora el desarrollo cognitivo de los niños, aumenta la productividad de los trabajadores y contribuye en general al crecimiento económico de los países.

Pero más de 22 millones de niños no tienen acceso a vacunas básicas que en los países de altos ingresos se dan por descontadas. Esos niños viven en las comunidades más pobres y remotas del mundo, allí donde el riesgo de enfermarse es mayor. Quienes nacen en un país de bajos ingresos están 18 veces más expuestos a morir antes de cumplir los cinco años que si hubieran nacido en un país de altos ingresos.

Terminar con esta desigualdad es el motivo central de la mayor y más exitosa iniciativa de lucha contra la pobreza en toda la historia de la humanidad: los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Los ODM son ocho metas adoptadas en una reunión de líderes mundiales celebrada en 2000 en las Naciones Unidas, en la que se acordó reducir a la mitad la pobreza extrema y el hambre, combatir las enfermedades, mejorar la seguridad y la salubridad de las fuentes de agua, ampliar el acceso a la educación y promover el empoderamiento de niñas y mujeres. Pero a pesar de los notorios avances obtenidos, todavía queda mucho por hacer, y tenemos menos de 1000 días para actuar antes de que llegue 2015, el plazo fijado para el logro de los objetivos.

Ampliar el alcance mundial de las vacunas es un modo de acelerar la concreción de los ODM y al mismo tiempo tomar envión para seguir con una agenda de desarrollo después de 2015. La Asamblea Mundial de la Salud, órgano que representa a los 194 países miembros de la Organización Mundial de la Salud, adoptó un plan conjunto denominado Década de las Vacunas, que propone un mundo sin enfermedades que pueden prevenirse mediante la vacunación, un mundo donde los beneficios de la inmunización lleguen a todas las personas sin importar quiénes sean y dónde vivan.

Terminar con la polio marca un hito importante en la ruta a ese objetivo. Por eso, durante esta cumbre se presentará un nuevo plan de acción integral con medidas concretas para la erradicación total de la polio de aquí a 2018, que complementa las iniciativas genéricas que ya existen atinentes a extender la cobertura de los programas de vacunación contra otras amenazas como el sarampión, la neumonía y el rotavirus. De hecho, ya estamos viendo cómo la presencia de sistemas de inmunización eficaces protege los avances hechos contra la polio y brinda una plataforma para la provisión de nuevas vacunas y atención médica básica a las madres y los niños más vulnerables del mundo.

Si tenemos éxito, cuando termine esta década habremos salvado las vidas de más de 20 millones de personas; evitado cerca de mil millones de casos de enfermedad; y ahorrado casi 12 mil millones de dólares solamente en costos de tratamiento médico. Y en el proceso de liberar al mundo del lastre de las enfermedades, liberaremos también un potencial humano imposible de cuantificar.

Proyectos como los ODM y la Década de las Vacunas son la prueba de que la adopción de objetivos de desarrollo mundiales bien definidos permite lograr cambios profundos. Nos muestran todo lo que se puede hacer mediante la creación de mecanismos de colaboración entre las Naciones Unidas, los gobiernos, los organismos de desarrollo, la sociedad civil, las fundaciones y el sector privado.

En los próximos 1000 días (y después también), la medida de nuestro avance vendrá dada por lo que hagamos por mejorar las vidas de los miembros más pobres y vulnerables de la familia humana.

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Comencemos por renovar nuestro compromiso con hacer realidad el sueño de un mundo en el que todos los niños tengan acceso a la protección de las vacunas, para que empiecen sus vidas en condiciones equitativas. Esta generación nos lo agradecerá, y las muchas que vendrán después también.

Traducción: Esteban Flamini