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Un planeta para todos los simios

MELBOURNE – Dos nuevas películas estrenadas en este mes –una, un bombazo de ciencia ficción; la otra, un documental revelador– plantean la cuestión de nuestras relaciones con nuestros más cercanos parientes no humanos, los grandes simios. Las dos dramatizan visiones y lecciones que no se deberían ignorar.

La rebelión del planeta de los simios de Rupert Wyatt es la séptima película de una serie basada en la novela de Pierre Boule de 1963 El planeta de los simios, sobre un mundo poblado por unos simios muy inteligentes. La publicidad de la nueva película afirma que es “la primera película de la historia del cine que no es de animación, cuyo protagonista es un animal sensible y que está contada desde el punto de vista de él”. Sin embargo, no se utilizaron simios vivos.

En su lugar, “la tecnología de captación facial”, originalmente inventada para la película Avatar, permite a un actor humano, Andy Serkis, desempeñar el papel del chimpancé Caesar, pero no vistiéndose con traje de tal, sino logrando transformar todo gesto y movimiento facial, incluso la contracción de una ceja, en el movimiento de un simio.

Cuando hablé con Wyatt el mes pasado, reconoció que había razones prácticas para no utilizar a simios reales en su película, pero también entendió la cuestión ética. “Había cosas que yo no quería hacer”, me dijo. “Para lograr que los simios hagan cualquier cosa que queramos, tenemos que dominarlos; tenemos que manipularlos para que actúen. Eso es una explotación”.