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Una resolución para el nuevo año

Es el momento de formular resoluciones para el nuevo año y las de este año resultan evidentes. Cuando se inició el Milenio, los dirigentes del mundo se comprometieron a buscar la paz, el fin de la pobreza y un medio ambiente más limpio. Desde entonces, ha habido en el mundo innumerables actos de violencia, terrorismo, hambre y degradación medioambiental. En 2005, podemos empezar a cambiar de rumbo.

Los conocimientos, los avances científicos, los viajes y las comunicaciones mundiales nos brindan muchas oportunidades de encontrar soluciones para los grandes problemas del mundo. Cuando una nueva enfermedad llamada síndrome respiratorio agudo y grave afectó a China el año pasado, la Organización Mundial de la Salud coordinó las acciones de docenas de los gobiernos y se tardó poco en controlar la crisis, al menos de momento.

Cuando Bill Gates donó 1.000 millones de dólares con vistas a comprar vacunas para niños pobres, hizo posible proteger a decenas de millones de jóvenes contra las enfermedades prevenibles. Cuando un servicio de investigación agrícola, llamado Centro Mundial de Agrosilvicultura, descubrió que cierto árbol podía ayudar a los agricultores africanos a aumentar la producción de alimentos, introdujo un nuevo y valioso planteamiento para superar la crisis alimentaria crónica de África.

Por desgracia, esos ejemplos de cooperación internacional son tan escasos como impresionantes. Con nuestros conocimientos, ciencia y tecnología, se podrían mejorar espectacularmente las horrendas condiciones de vida de los más pobres del mundo. Se podría librar a millones de personas del paludismo, el VIH/SIDA, el hambre y la vida en los barrios de chabolas. El problema no es que carezcamos de soluciones válidas. El problema es que no cooperamos a escala mundial para poner en práctica dichas soluciones.