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A New US Agenda for Latin America

CIUDAD DE MEXICO – Al próximo presidente norteamericano no le resultará una tarea sencilla remediar el embrollo internacional heredado de la administración Bush. Si bien América latina no será una prioridad ni para la administración de Obama ni para la de McCain, seguir con la desatención de los últimos siete años por parte de Estados Unidos ya no es viable.

Se destacan dos desafíos político-diplomáticos diferentes: la inminente transición o crisis de sucesión de Cuba y el continuo ascenso de las "dos izquierdas" de la región, una representada por el presidente Hugo Chávez de Venezuela y la otra, por el cada vez más influyente presidente Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil. La próxima administración norteamericana sólo resultará exitosa si entiende que América latina está atravesando un período que combina los mejores y los peores aspectos de su historia: el más rápido crecimiento económico desde los años 1970, con una reducción de la pobreza y la desigualdad, y una actitud más democrática y respetuosa de los derechos humanos que en cualquier momento antes, pero cada vez más polarizada políticamente.

En Cuba, el eventual alejamiento de Fidel Castro de la escena representa un inmenso desafío. Estados Unidos no puede seguir adelante con las políticas fallidas del pasado medio siglo. Exigir una transición democrática con todas las de la ley como prerrequisito para normalizar las relaciones norteamericano-cubanas no es realista y a América latina le resulta indigestible. Sin embargo, Estados Unidos no puede dejar de lado la cuestión de la democracia y los derechos humanos en Cuba mientras espera la partida del hermano de Fidel, Raúl.

La realpolitik y el miedo de otro éxodo de refugiados cubanos por los canales de Florida puede tentar a Estados Unidos a buscar una solución "china" o "vietnamita" para Cuba: normalizar las relaciones diplomáticas a cambio de una reforma económica, dejando para más tarde la cuestión del cambio político interno. Pero Estados Unidos no debería sucumbir a esta tentación. Estados Unidos, Canadá, Europa y América latina han construido un marco legal regional, que no debe abandonarse, para defender el régimen democrático y los derechos humanos en el hemisferio.