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Más allá del Homo Economicus

LEIPZIG – La humanidad actualmente enfrenta numerosos desafíos globales, que incluyen el cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales, la crisis económica, la educación deficiente, la pobreza generalizada y la inseguridad alimentaria. Pero pese a las devastadoras consecuencias que conlleva no abordar estas situaciones, no nos hemos puesto a la altura de las circunstancias.

Tanto las economías golpeadas por la crisis como las economías prósperas están fracasando en eliminar la pobreza, mejorar la prestación de servicios públicos, como la educación, y mantener y repartir bienes colectivos, como reservas de peces y selvas tropicales, de manera efectiva y equitativa. Al mismo tiempo, las sociedades están cada vez más fragmentadas, dando lugar a que la soledad y las enfermedades relacionadas al estrés vayan en aumento. Y las estructuras de gobierno se muestran inadecuadas para mejorar esta situación.

Es evidente que se necesita un nuevo enfoque. El desarrollo de mecanismos efectivos para abordar los desafíos compartidos a gran escala debe comenzar con un cambio fundamental en la manera en que se entienden la motivación y el proceso de conocimiento humanos.

El concepto de homo economicus, que asevera que los humanos son actores racionales que toman decisiones en base a un interés personal cerrado, ha dominado el pensamiento político y económico desde la década de los 70. No obstante, aunque la búsqueda del interés personal puede ser ventajosa en ciertos contextos, no es la única, y ni siquiera es  la principal motivadora del comportamiento humano, y es más, no propicia la superación de las cuestiones globales más apremiantes de la actualidad–.