0

Un nuevo acuerdo para el Nuevo Mundo

Como antiguos diputados a los Congresos de nuestros países, creemos que ha llegado la hora de crear una Unión Parlamentaria Norteamericana para abordar las importantes y cada vez más numerosas cuestiones que los gobiernos nacionales de Norteamérica han dejado de lado. El pasado y el presente están marcados por el carácter especial de las relaciones entre los Estados Unidos, México y el Canadá. Un futuro más justo y próspero para los tres países requiere que demos un audaz paso adelante.

Pese a la insidiosa referencia del ministro de Defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld, a la ``vieja Europa'', los norteamericanos pueden aprender mucho de la Unión Europea y del Parlamento Europeo. En el decenio de 1950, la mayoría de los europeos consideraba quimérica la idea de una Unión con un único Parlamento. Hoy la UE elige su Parlamento, comparte una moneda única y administra un presupuesto en el que se hace hincapié en el aumento del nivel de vida en los países miembros menos desarrollados. Es probable que en un futuro inmediato la UE cuente con 450 millones de personas.

La población combinada de los Estados Unidos, de México y del Canadá asciende a unos 410 millones de personas y, sin embargo, Norteamérica no ha estado a la altura de Europa en la creación de las estructuras políticas necesarias para centrar la atención del hemisferio en los problemas de la inmigración, la seguridad transfronteriza, los derechos laborales y la degradación medioambiental y tampoco en la tarea de propiciar una forma más uniforme de abordar la intensa competencia económica procedente de Europa y Asia.

Al contrario, en el período posterior a la guerra del Iraq las relaciones entre los Estados Unidos y sus vecinos -el Canadá y México- están en su nivel más bajo en muchos años. Está claro que el empeño encaminado a intensificar la integración política y económica de Norteamérica será muy arduo.