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Una nueva discusión para reformar las Naciones Unidas

Las Naciones Unidas están desgarradas por las tensiones internas. No bien se había resuelto satisfactoriamente la controversia sobre la creación de un Consejo de Derechos Humanos que surgió una nueva batalla. Estados Unidos está presionando para que se realicen reformas administrativas y amenaza con recortar la financiación si no se implementan las reformas.

El secretario general presentó un plan de reformas razonable, pero una mayoría de los Estados miembro de las Naciones Unidas, que actúan en conjunto como el llamado G-77, están poniendo obstáculos, porque lo consideran otra medida más destinada a reducir la autoridad de la Asamblea General en relación al Consejo de Seguridad. Más precisamente, cuestionan la propuesta del plan de darle mayores poderes y responsabilidades al secretario general, cuya selección está, efectivamente, en manos de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, que tienen poder de veto.

Muchos miembros de las Naciones Unidas, que creen que la Asamblea General ha venido perdiendo poder dentro de las Naciones Unidas, se resisten a abdicar a lo que consideran su último vestigio: el control sobre el presupuesto a través del trabajo de la Quinta Comisión de la Asamblea. En la práctica, la Quinta Comisión ejerció el tipo de microgestión sobre el personal y los gastos que debería haber ejercido el secretario general si las Naciones Unidas funcionaran de manera efectiva y tuvieran un staff a la altura de los desafíos que enfrenta la organización. Este es el fundamento de la insistencia de Estados Unidos en las reformas administrativas.

Existe una necesidad imperiosa de encontrar la manera de salir de este atolladero. Si la propuesta actual fracasara, implicaría el fin concreto de todos los esfuerzos por reformar a las Naciones Unidas, con consecuencias desastrosas para la gente de todo el mundo que depende de la ayuda proporcionada por el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, de la seguridad que ofrecen las numerosas operaciones de paz de las Naciones Unidas o de la infinidad de otros servicios prestados por agencias de las Naciones Unidas. Por ejemplo, el no implementar una reforma de gestión alimentaría los reclamos por parte del Congreso norteamericano de retener los aportes de Estados Unidos al presupuesto de las Naciones Unidas –una política que socavaría enormemente los propios intereses de Estados Unidos, como la expansión planificada de la misión para frenar el genocidio en Darfur.