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¿Una liga de democracias?

LONDRES – El Senador John McCain, candidato presidencial por el Partido Republicano, ha llamado a la creación de una “Liga de democracias”. Este nuevo grupo internacional poseería una formidable capacidad militar, basada en parte en la OTAN y en parte en una "nueva asociación cuatripartita por la seguridad" en el Pacífico entre Australia, India, Japón y EE.UU. Por supuesto, ni Rusia ni China estarían invitadas: de hecho, McCain desea excluir a Rusia del G8.

McCain argumenta que la Liga es necesaria porque en asuntos vitales para los Estados Unidos, como combatir el terrorismo islámico, la intervención humanitaria y la propagación de la libertad, la democracia y los mercados libres, Estados Unidos y sus socios democráticos deben ser capaces de actuar sin permiso de las Naciones Unidas (es decir, de Rusia y China). En otras palabras, la principal finalidad de la Liga es marginar a Rusia y China de los asuntos internacionales.

La crítica más demoledora al plan de McCain es que iniciaría una nueva Guerra Fría entre estados caracterizados como democracias y autocracias. Esto no sólo es peligroso, sino también incoherente. Rusia y China no “amenazan” al “mundo libre” con una potente ideología y enormes fuerzas armadas, como lo hicieron durante la Guerra Fría. Más aún, las democracias del mundo se encuentran divididas acerca de cómo enfrentar el terrorismo islámico o el genocidio en Darfur: después de todo, fue Francia el país que impulsó la oposición en el Consejo de Seguridad de la ONU a la invasión estadounidense a Irak.

Además, en problemas como el terrorismo, la proliferación nuclear y el cambio climático, Estados Unidos necesita la ayuda rusa y china. Estigmatizar a Rusia y China como parias no los hará cooperar. (China debe aprender a comportarse de manera “responsable”, declara McCain con abismal condescendencia.)  De hecho, en su mayor parte Rusia ha colaborado con Estados Unidos en la "guerra contra el terrorismo".