Un ambicioso pacto con el Irán

El espectro de un Irán nuclear obsesiona a árabes y a israelíes por igual, pero los Estados Unidos e Israel son la fuerza impulsora de las medidas encaminadas a poner coto a las ambiciones nucleares del Irán. En el triángulo Estados Unidos-Irán-Israel es en el que radica la clave para el problema y su posible solución.

Aunque en 1979 la revolución islámica del ayatolá Jomeini desbarató la antigua alianza de Israel con el Irán, los dos países siguieron manteniendo relaciones con la aprobación de los Estados Unidos. El caso Irán-Contra del decenio de 1980, en el que Israel proporcionó armas a la República Islámica en su guerra contra el Iraq es un buen ejemplo de ello. Israel y el Irán, dos potencias no árabes en un medio árabe hostil, compartían intereses fundamentales que la revolución islámica no podía cambiar.

Durante el gobierno de Yitzhak Rabin, a comienzos del decenio de 1990, fue cuando Israel y el Irán entraron en un conflicto a las claras, debido al cambio del marco estratégico después de la victoria de los Estados Unidos en la primera guerra del Golfo y del hundimiento de la Unión Soviética. El proceso de paz árabo-israelí, patrocinado por los EE.UU, que produjo una serie de logros impresionantes –la conferencia de paz de Madrid, los acuerdos de Oslo, el acuerdo de paz de Israel con Jordania, casi un acercamiento a Siria y mejoras de la opinión sobre Israel en Estados árabes desde Marruecos hasta Qatar– fue la peor pesadilla de un Irán cada vez más aislado.

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