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Un consenso global contra el terrorismo

Si uno menciona las Naciones Unidas, lo más probable es que la primera reacción se refiera al actual escándalo del programa de petróleo por alimentos y lo que significa para la capacidad del Secretario General Kofi Annan de conducir la organización durante el año y medio que le queda en el cargo.

No obstante, en la ONU están ocurriendo muchas otras cosas, aparte de las investigaciones. La reforma se respira en el aire, en parte debido al escándalo, pero también debido a su incapacidad de enfrentar de manera eficaz desafíos como los planteados por Ruanda, Kosovo, Irak y, más recientemente, Sudán. Incluso los partidarios más fervientes de la ONU admiten ahora que es necesario hacer cambios para que la organización haga una contribución significativa a la paz y la seguridad internacionales.

Parte de las conversaciones sobre reforma se refieren a la composición del Consejo de Seguridad de la ONU. El Consejo de Seguridad refleja la visión de los aliados de la Segunda Guerra Mundial sobre cómo sería el mundo de posguerra y la manera de gobernarlo. Esto ayuda a explicar por qué una muy debilitada Francia se convirtió en miembro permanente del Consejo, y por qué no fue así en el caso de Alemania y Japón (y una India que aún no era independiente).

Es imposible defender la estructura actual del Consejo de Seguridad; la necesidad de un cambio está fuera de cuestión. No obstante, será extremadamente difícil dar con una propuesta que logre un apoyo internacional amplio.