0

Una política exterior para la nueva y para la vieja Europa

Al ver las noticias de Irak, recuerdo cuando yo era primer ministro de Polonia durante la guerra del Golfo de 1991. En mi casa vi por CNN cuando los primeros misiles crucero estallaron en Bagdad. Horas después nuestras fuerzas armadas me informaron que se había iniciado el conflicto en Irak. "Ya lo sé", les dije. "He estado viendo los bombardeos en televisión".

Doce años después, el primer ministro polaco no necesitó una llamada tardía de sus fuerzas armadas para saber que la guerra había comenzado en Irak. Los EU, actualmente aliados de Polonia en la OTAN, dieron a conocer de antemano todos los detalles del ataque. De hecho, Polonia ha logrado un papel principal en la ocupación de Irak. ¡Cuánto ha avanzado Polonia desde la caída del comunismo en 1989!

Sin embargo, muy poco ha sido resultado de la planeación, ya que (desafortunadamente) los polacos no hemos pensado qué tipo de política exterior necesitamos como miembros de la OTAN y miembros putativos de la Unión Europea. Seguimos concentrándonos de manera miope en decidir si los resultados inmediatos de una iniciativa serán buenos o malos para nosotros.

Si a eso le añadimos una especie de esquizofrenia de política exterior (algunos polacos creen que "simplemente por existir" tenemos influencia en el destino de Europa; otros sufren de un pesimismo paralizante que condena a Polonia a un estatus permanente de "segunda clase") tenemos una receta para la inercia. Nuestra actitud parece ser que de alguna forma u otra las cosas se arreglarán solas.