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Un mundo chato y una pelota redonda

Ahora que se acerca la etapa final de la Copa del Mundo, es una buena oportunidad para hacer una evaluación de mitad de campeonato. En el Mundial de este año, a diferencia del anterior en Japón y Corea del Sur en 2002, no se vio ningún resultado verdaderamente sorprendente en la primera ronda. Suiza y Australia sorprendieron al llegar a los octavos de final y los equipos asiáticos y africanos de alguna manera desilusionaron, siendo Ghana el único que logró avanzar. Hubo sólo dos partidos desagradables hasta el momento por la cantidad de infracciones, ataques malintencionados y agresiones innecesarias así como por las numerosas tarjetas amarillas y rojas: Italia vs. Estados Unidos y Portugal vs. Holanda. Aparte de eso, estamos experimentando una maravillosa Copa en Alemania, en términos de espíritu deportivo y de atmósfera general.

En cuanto a Alemania y los alemanes, cuesta reconocer al país y al pueblo de uno. Incluso la Madre Naturaleza hizo lo suyo. Después de un invierno largo y una primavera inexistente, el verano empezó de repente con el puntapié inicial –y prácticamente de la noche a la mañana Alemania ha hecho alarde de su costado más soleado y más agradable-. El clima es mediterráneo y, de pronto, la gente también.

La organización del Mundial ha sido excepcional (como era de esperarse), con un excelente trabajo policial que prácticamente neutralizó a los barrabravas. Toda Alemania ha estado celebrando una fiesta interminable con invitados de todo el mundo (algo inesperado). Y la selección alemana demostró un despliegue maravilloso de fútbol moderno reconfortante y ofensivo (algo que nadie podría haber esperado).

Más importante aún, no sólo en el equipo alemán sino también en todo el país, una Alemania joven, fresca, relajada y despreocupada está levantando la cabeza –una Alemania que es cosmopolita, amigable y festiva-. Años de malas noticias parecen no haber dejado rastro en los alemanes. Los médicos están de huelga, los impuestos aumentan, los partidos en el gobierno se atacan mutuamente y la canciller Angela Merkel proclamó en un discurso notable que el país está en un estado desastroso. Pero los alemanes, para nada intimidados por todo esto, simplemente siguen celebrando una gran fiesta del fútbol con sus nuevos amigos de todo el mundo.