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Una apertura europea para el mundo árabe

BERLÍN – Los pueblos de Túnez y Egipto han demostrado que la democracia en los países árabes no tiene por qué llegar a punta de fusiles occidentales. No obstante, si bien el impulso para el cambio democrático ha sido local y auténtico, no hay garantías de que habrá transiciones políticas exitosas: los gobiernos electos democráticamente se enfrentarán a los mismos problemas sociales y económicos que contribuyeron a la caída de los viejos regímenes –entre ellos, la necesidad de crear empleos y oportunidades para los jóvenes.

Esto será imposible sin apoyo externo. Dados los múltiples vínculos entre los países de la Unión Europea y la ribera meridional del Mediterráneo, Europa no debe desperdiciar esta oportunidad.

Hasta ahora, la UE ha ofrecido apoyar la democratización en Túnez y Egipto prestando ayuda para organizar elecciones libres y justas, establecer partidos políticos y reformar la policía, los tribunales y las administraciones locales. Pero ese apoyo político-administrativo no es suficiente, como tampoco lo es un programa de tipo Plan Marshall de grandes inversiones.

Esto no quiere decir que no se necesiten esos proyectos; en el sector de la energía renovable en particular hay grandes oportunidades para la cooperación. Europa necesita energía limpia y no podrá producir suficiente en su propio territorio. Los países de África del Norte también necesitan energía –en especial más electricidad y redes nuevas para apoyar el desarrollo urbano e industrial.