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Un disidente en China

TOKIO – El 2009 fue un buen año para China. La economía china siguió creciendo estrepitosamente en medio de una recesión mundial. El presidente norteamericano, Barack Obama, visitó China, más con el espíritu de quien suplica ante una corte imperial que como el líder de la mayor superpotencia del mundo. Incluso la cumbre de Copenhague sobre cambio climático terminó exactamente como quería China: en un intento fallido por comprometer a China, o a cualquier otra nación industrial, a hacer recortes significativos en las emisiones de carbono, mientras toda la culpa recayó sobre Estados Unidos.

El gobierno chino, bajo el Partido Comunista, tiene todas las razones para sentirse seguro. ¿Por qué, entonces, un ex profesor amable de literatura llamado Liu Xiaobo tuvo que ser sentenciado a 11 años de prisión, sólo porque defendió públicamente la libertad de expresión y el fin del régimen unipartidario?

En 2008, Liu fue uno de los autores de una petición, la Carta 08, firmada por miles de chinos, que instaba a que se respetaran los derechos básicos. Liu no es un rebelde violento. Sus opiniones, en artículos publicados en Internet, son absolutamente pacíficas. Sin embargo, fue encarcelado por “incitar a la subversión del poder del estado”.

Salta a la vista que la noción de que Liu podría ser capaz de subvertir el inmenso poder del Partido Comunista de China es absurda. Y, sin embargo, las autoridades claramente creen que tenían que dar el ejemplo con él, para impedir que otros expresaran opiniones similares.