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¿Un acierto para la democracia turca?

El aparente distanciamiento de Turquía con los EU podría ser a final de cuentas una bendición. La guerra contra Iraq y la tortuosa diplomacia que condujo a ella podrían ayudar a resolver el conflicto que para Turquía representa su "alianza estratégica" con los EU y sus esfuerzos para ingresar a la UE.

Las elecciones de noviembre pasado que llevaron al poder al Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) estuvieron precedidas por una disputa entre los miembros de la entonces coalición gobernante sobre la adopción de las reformas exigidas por la UE. Algunos elementos liberales de esa coalición "secular" renunciaron para unirse a los islamistas a fin de lograr que se aprobaran las reformas en el parlamento.

Después de su llegada al poder, los líderes del AKP, ex-islamistas que se habían convertido en "demócratas conservadores", se involucraron activamente con los EU, la UE y la ONU en temas que iban desde Chipre hasta Iraq, desde los derechos de los kurdos para mantener su idioma hasta otros asuntos de derechos humanos dentro de Turquía. Al haber sufrido las prácticas opresivas del Estado "secular" turco y al reconocer que los derechos humanos se deben proteger en todos los sectores, el AKP surgió como un interlocutor creíble para el Occidente. Los EU, preocupados por el espectro de un "choque de civilizaciones" entre el Islam y Occidente vio en el rostro moderno y occidentalizado del AKP una oportunidad y solicitó a la UE que admitiera a Turquía.

Hoy, tanto los "demócratas conservadores" como los liberales se pronuncian por la aprobación de todas las reformas necesarias para obtener el ingreso a la UE, mientras que los opositores incluyen a los nacionalistas radicales tanto de derecha como de izquierda, así como a ciertos elementos del sistema político "secular". Los europeos podrían haber inclinado la balanza de manera decisiva en favor de los reformistas recompensando finalmente los esfuerzos de los turcos pro UE durante la cumbre de líderes de la UE en diciembre pasado. No obstante, la UE dejó a Turquía a la espera una vez más, al posponer negociaciones formales que de cualquier manera pueden tomar años.