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Una declaración de independencia frente a EEUU

George W. Bush está obsesionado con la guerra al terorismo, especialmente la respuesta militar al mismo. La política exterior estadounidense refleja esa obsesión. Este año, EEUU destinará cerca de $450 mil millones a gastos militares, lo que incluye los costos de la Guerra de Irak, mientras que gastará no más de $15 mil millones en la lucha contra la pobreza, el deterioro ambiental y las enfermedades globales. En otras palabras, el gasto en política exterior de EEUU está treinta veces más enfocado en lo militar que en el fomento de la properidad y la salud pública globales y un medio ambiente sustentable.

Durante 2003 el mundo padeció la obsesión de Bush. El debate sobre Irak dominó la diplomacia internacional y ocupó casi toda la agenda de la ONU. La guerra de Irak ha costado incontables vidas inocentes, como las que se perdieron cuando fue bombardeado el cuartel general de la ONU en Bagdad. Al mismo tiempo, el énfasis de Bush en un enfoque unidimensional y militarizado a los problemas mundiales ha causado desórdenes e inestabilidad en todo el mundo islámico, aumentando el terrorismo en Turquía, África del Norte, Araba Saudí y el Sudeste Asiático.

La naturaleza del sufrimiento que se padece en todo el mundo no justifica esta estrategia estrecha. Centrarse en el terrorismo, excluyendo los demás problemas y enfatizando la respuesta militar al mismo, no traerá estabilidad y paz, ni incluso una reducción significativa de la cantidad de ataques. Mientras en EEUU 3.000 inocentes murieron el 11 de septiembre de 2001, en África 8.000 niños inocentes mueren a causa de la malaria cada día.

Sin embargo, la malaria es prevenible y tratable. El problema es que la mayor parte de África es demasiado pobre como para aplicar los métodos de prevención (mallas para las camas) y tratamientos (medicinas antimalaria) que podrían salvar millones de vidas infantiles cada año. EEUU gasta más en Irak cada día que lo que gasta África en la malaria cada año.