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Un boicot contra la razón

“Podría pasar aquí” es la frase taquigráfica que frecuentemente se utiliza para una variedad de escenarios hipotéticos alarmantes. “¿Cómo pudo pasar esto aquí?” fue la pregunta que muy pertinentemente se formuló en Gran Bretaña recientemente, mientras sus universidades presenciaban el despliegue de una acción demasiado real y desconcertante.

A principios de junio, la Asociación Nacional de Profesores de Educación Terciaria y Superior (NATFHE), el sindicato académico más importante de Gran Bretaña, con 67.000 miembros, presentó una moción para cortar los lazos con todos los profesores e instituciones israelíes de aprendizaje superior a menos que se distanciaran públicamente de las “continuas políticas israelíes de segregación racial”. La moción fue posteriormente revocada, pero que la hayan presentado ya es bastante sorprendente.

En realidad, el llamado del sindicato a un boicot masivo transgredía sus valores más fundamentales: el principio de libertad académica, de apertura y de intercambio; la protección de la investigación frente a la política estatal, y el derecho fundamental a la libre expresión. La moción implícitamente adoptaba la vara del castigo colectivo y un tono distintivamente mccarthista, que exigía una suerte de “voto de deslealtad” de parte de los académicos israelíes.

¿Qué llevó a los académicos que supuestamente son los guardianes de las libertades democráticas a aceptar medidas tan recordatorias de las tácticas fascistas y stalinistas? Desafortunadamente, el esfuerzo de la NATFHE es parte de un fenómeno más importante.