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Un voto de apoyo al Euroescepticismo

La paliza que sufrieron varios gobiernos en las recientes elecciones al Parlamento de la Unión Europea los pone en una situación con muy poco margen de maniobra frente a la Cumbre de la UE que se celebrará esta semana. Sólo un incurable optimismo puede esperar que la cumbre traiga gloria a alguno de ellos.

La cumbre tiene dos objetivos: finalizar el texto de una nueva Constitución de la UE y nombrar al próximo Presidente de la Comisión. Estas negociaciones serán mucho más difíciles, en vista del espectacular repudio de las urnas hacia una cantidad de gobiernos de importancia clave, junto con el potente crecimiento de los partidos euroescépticos y de protesta en varios estados miembros.

El problema para los líderes de Europa es que su propio repudio por parte de los votantes no necesariamente tiene el mismo mensaje que el aumento de la votación de los partidos euroescépticos. La caída récord de la votación para los socialdemócratas que gobiernan Alemania encabezados por Gerhard Schröder tiene poco que ver con su política hacia Europa, sino en gran medida con la percepción de que sus políticas económicas han fracasado en casa, con la persistencia de un lento crecimiento y un alto desempleo. A pesar del éxito de los partidos nacionalistas en Francia, lo mismo es válido para el revés del partido de centroderecha del Presidente Jacques Chirac.

En Inglaterra, por el contrario, donde la economía es sólida y el desempleo bajo, el principal factor tras el colapso del voto para el gobernante Partido Laborista ha sido el descontento con la decisión de Tony Blair de ir a la guerra en Irak junto con George Bush.