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Incertidumbre trumpiana

NUEVA YORK – Cada enero trato de elaborar un pronóstico para el año que comienza. Los pronósticos económicos son notoriamente difíciles de realizar; pero, a pesar de la verdad expresada en la solicitud de Harry Truman cuando pidió un economista que tenga un solo brazo (quien, por lo tanto, estaría incapacitado para decir “en contrapartida, en la otra mano”), mi récord ha sido verosímil.

Durante los últimos años, predije correctamente que, en ausencia de estímulos fiscales más fuertes (que no eran inminentes ni en Europa ni en Estados Unidos), la recuperación de la Gran Recesión del año 2008 sería lenta. Para elaborar estas predicciones, deposité mi confianza más en el análisis de las fuerzas económicas subyacentes que en modelos econométricos complejos.

Por ejemplo, a comienzos del año 2016, parecía estar claro que era poco probable que las deficiencias de la demanda agregada a nivel mundial, que se habían manifestado durante los últimos años, fuesen a cambiar drásticamente. Por lo tanto, pensé que los pronosticadores de una recuperación más fuerte estaban mirando el mundo a través de cristales de color rosa. La evolución de la economía se desarrolló en gran manera tal como yo pronostiqué que ocurriría.

La situación fue distinta con respecto a los acontecimientos políticos del año 2016. Estuve escribiendo durante años sobre que a menos que se abordase la creciente desigualdad – especialmente en EE.UU., pero también en muchos países de todo el mundo – iban a haber consecuencias políticas. Pero la desigualdad continuó empeorando – y se obtuvieron datos llamativos que mostraron que la esperanza de vida promedio en EE.UU. estaba en disminución.