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¿Fin de año o fin de época?

MADRID – El año 2016 cierra con las tensiones en Oriente Medio y la aparición de movimientos populistas tanto en Europa como en EEUU. El panorama para 2017 es de incertidumbre.

Tras varios intentos de acercar posiciones, el año termina sin poner fin al trágico conflicto de Siria. El punto fundamental de desencuentro ha sido el futuro del Presidente al-Asad en el proceso de transición política del país. En los últimos días, las tropas gubernamentales, apoyadas por Rusia e Irán, han tomado el control casi total de la ciudad de Alepo, que se encuentra devastada por la guerra. La cooperación regional e internacional es esencial para poner fin al conflicto y el próximo año nuestra prioridad debe ser alcanzar la paz en Siria. El próximo 27 de diciembre, se celebrará una reunión tripartita en Moscú en la que se estudiará una solución política para el futuro del país. Sorprende que sean Turquía, Rusia e Irán quienes van a negociar el acuerdo y la ausencia de EEUU y la Unión Europa.

El pasado mes de marzo, las relaciones entre la Unión Europea y Turquía dieron un paso adelante con la firma del acuerdo sobre los refugiados. Desde el inicio del conflicto, Turquía ha acogido a más de dos millones de refugiados sirios. Pese a que la relación entre Turquía y la UE no se encuentra en su mejor momento, el diálogo debe continuar.  Ambos tienen intereses en común basados no sólo en la interdependencia económica sino, sobre todo, en la lucha contra el terrorismo y la crisis de los refugiados.

A nivel político, en Europa, el año estará marcado principalmente por las negociaciones del Brexit. El próximo mes de marzo se inicia el proceso formal de salida del Reino Unido de la Unión Europea, y con él, la incertidumbre de las negociaciones. Las partes deberán alcanzar un acuerdo sobre la forma de la retirada que garantice el bienestar de las futuras relaciones. Todo ello, en un plazo fijado por la Unión Europea de 18 meses desde la notificación de la salida. Negociar la salida no va a ser fácil ni corto. Sea como sea, tenemos mucho tiempo de incertidumbre por delante. Lo que está claro, es que si el Reino Unido quiere permanecer en el mercado común, tendrá que aceptar las cuatro libertades que lo engloban, incluyendo la libre circulación de trabajadores.