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2011: Mi odisea espacial

MOSCÚ –  La mayoría de las personas que han oído hablar de mí creen que soy una experta en tecnología de la información que probablemente vive en California e invierte en riesgosas empresas nuevas de Internet. De hecho, mi residencia formal está en la ciudad de Nueva York, pero estoy a punto de pasar los próximos cinco meses en Rusia, entrenando para ser cosmonauta en la Ciudad de las Estrellas, a las afueras de Moscú.

Varias cosas se conjugaron para que esto pasara. En primer lugar, como niña sencillamente asumí que iría a la luna, sin tener que hacer gran cosa para ello. Simplemente di por hecho que para cuando tuviera, digamos, 40 años, los viajes al espacio serían algo común. Mi padre participaba en el programa espacial de los Estados Unidos y teníamos algunas rocas lunares en casa, así que para mí no era la gran cosa.

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Después me distraje durante aproximadamente 40 años. Sin embargo, hace algunos años comencé a prestar atención de nuevo al espacio. Muchos de mis conocidos de la industria de la TI también lo estaban haciendo: Elon Musk, cofundador de Paypal, creó la empresa Space-X; Jeff Bezos de Amazon estableció una compañía de naves espaciales llamada Blue Origin; Jeff Greason, directivo de alto nivel de Intel, fundó XCOR Aerospace (en la que yo he invertido). En 2005, el último año en que celebré mi conferencia PC Forum para empresarios de TI, inicié una conferencia llamada Flight School, para empresarios del espacio y la aviación privada.

Mientras tanto, más o menos en 2005, yo estaba en Sudáfrica con un pequeño grupo de personas que daba asesoría al ex presidente Thabo Mbeki y su gobierno sobre política de TI. Uno de los miembros del grupo era Mark Shuttleworth, fundador de Thawte (que fue vendida a VeriSign), quien acababa de regresar de un viaje en el que fue el segundo “turista” que visitó la estación espacial.

Una tarde, el grupo estaba sentado alrededor de una fogata mientras se ponía el sol y alrededor de 50 niños llegaron en autobuses. En total éramos unas cien personas, incluido el Presidente Mbeki, alrededor del fuego. Cuando oscureció, se instaló una pantalla y Mark mostró videos que había tomado en el espacio. Dio una plática fascinante sobre sus aventuras acompañada por tomas de él flotando y atrapando burbujas con la boca. A los niños les encantó y estoy segura de que algunos de ellos decidieron ahí mismo estudiar matemáticas y ciencias.

Con el tiempo, invertí en Space Adventures, la empresa que coordinó el viaje de Shuttleworth al espacio. Más tarde asistí a un tour que organizaron para presenciar el lanzamiento de Charles Simonyi, el quinto (y próximamente el séptimo) turista espacial, desde Baikonur en Kazajstán (Simonyi escribió el programa Word de Microsoft y ahora tiene otra empresa de nueva creación, Intentional Software, y una fundación, así como un sitio Web, CharlesinSpace.org).

Poco después comencé a platicar, sin darle demasiada importancia, sobre la posibilidad de convertirme en cosmonauta de reserva en el equipo de Space Adventures. Sí, me encantaría ir, pero el viaje al espacio cuesta entre 35 y 40 millones de dólares, mientras que el entrenamiento para ser reserva cuesta “únicamente” 3 millones.

Por lo tanto, tenía yo una vaga idea de que podría ir al espacio en algún momento de 2011 –el año que Sergey Brin, cofundador de Google, tiene previsto de manera (muy) tentativa ir. Space Adventures estuvo presionando para que fuera en 2009, pero yo estaba muy ocupada.

Entonces, la primavera pasada algo sucedió. Mi hermana Emily tuvo cáncer y se sometió a una doble mastectomía. (ahora ya está bien y de hecho acaba de ganar un mini maratón). Unas semanas después, me tuve que enfrentar a uno de esos conflictos: una junta de consejo directivo por aquí, una conferencia por allá, otra oportunidad al mismo tiempo en otro lugar. “¡Ah!”, pensé, “¡Si tan sólo me tuviera que someter a una doble mastectomía podría cancelar todo esto y nadie se quejaría!”

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¡Rayos! Me di cuenta de que mis prioridades estaban al revés. Así pues, de alguna extraña forma este sabático en Rusia es mi alternativa a una doble mastectomía –positiva, ciertamente, pero el mismo tipo de experiencia de pulsar el botón de reinicialización.

También es la respuesta a otra pregunta que escucho con frecuencia por mi trabajo sobre genética humana a través de 23andMe (www.23andme.com) y el Proyecto del Genoma Personal (www.personalgenome.org): si supieras que tienes una gran probabilidad de tener la enfermedad de Alzheimer en unos cuantos años, ¿qué harías? Pues por supuesto, me entrenaría para ser cosmonauta. Y, ¿por qué esperar a saber si me puede dar Alzheimer? El próximo mes escribiré sobre lo que implica realmente entrenar para ir al espacio.