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Una solución europea para los problemas de la zona Euro

El siguiente texto es una versión extendida del artículo de George Soros, titulado “La alternativa de Alemania”.

Mi objetivo al acudir hoy aquí es el de examinar la crisis del euro. A la luz de los últimos acontecimientos, creo que convendrán ustedes conmigo en que la crisis dista de estar resuelta. Ya ha causado daños tremendos tanto financiera como políticamente y también se ha cobrado un enorme precio humano. Además, la crisis ha transformado a la Unión Europea en algo radicalmente distinto de lo que se había propuesto originalmente. La Unión Europea había de ser una asociación voluntaria de Estados iguales, pero la crisis la ha convertido en una prisión de deudores a cuyo mando están Alemania y otros acreedores y los países muy endeudados han quedado relegados a la condición de países de segunda clase. Aunque en teoría Alemania no puede dictar las políticas, en la práctica no se puede proponer política alguna sin obtener primero su permiso. Para colmo de males, la política de austeridad promovida por Alemania tiene el efecto de prolongar la crisis y perpetuar la subordinación de los países deudores.

Así se han creado tensiones políticas, como lo demuestra la paralización política de Italia. Este país tiene ahora una mayoría opuesta al euro y es probable que esa tendencia se intensifique. Ahora existe un peligro real de que la crisis del euro acabe destruyendo a la Unión Europea. Una desintegración desordenada dejaría a Europa en una situación peor que cuando se inició el audaz experimento de la creación de una Unión Europea. Sería una tragedia de proporciones sin precedentes, pero sólo Alemania puede prevenirla. Este país no se propuso ocupar una posición dominante y se ha mostrado renuente a aceptar las responsabilidades y obligaciones que entraña. Ésa es una de las razones por las que se ha producido la situación actual, pero, quiera o no, Alemania ocupa el asiento del conductor y ésa es la razón que me ha traído aquí.

¿Cómo acabó Europa metida en semejante embrollo? ¿Y cómo puede escapar de él? Ésas son las dos cuestiones que quiero abordar. La respuesta a la primera pregunta es extraordinariamente complicada, porque la crisis del euro es extremadamente compleja. Tiene una dimensión a un tiempo política y financiera y podemos dividir la dimensión financiera en al menos tres componentes: una crisis de la deuda soberana y una crisis bancaria, además de divergencias en competitividad. Los diversos aspectos están interconectados, por lo que los problemas resultan tan complicados, que parecen inconcebibles. En mi opinión, no se puede entender adecuadamente la crisis del euro sin comprender el papel fundamental que los errores y las ideas equivocadas han desempeñado en su creación. Se trata de una crisis casi enteramente autoinfligida. Tiene las características de una pesadilla.