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El Intocable Apartheid de la India

Martin MacWan

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2001-08-21

Por décadas, la India defendió de lejos la causa contra el apartheid y apoyó el movimiento de derechos civiles estadounidense. Pero ahora la India está decidida a bloquear la discusión sobre la discriminación por castas en contra de sus propios 160 millones de parias o dalits (palabra hindi que significa "los oprimidos" y que se refiere a su clase más baja, de "intocables") durante la Conferencia Mundial Contra el Racismo (WCAR, por sus siglas en inglés), de la ONU, que tendrá lugar en Durban este mes. Utilizando la misma táctica que los defensores del apartheid y de las leyes de Jim Crow estadounidenses, el gobierno de la India argumenta que "las castas son un asunto interno".

El último censo indio basado en la identidad de castas, realizado en 1931, mostró que 20% de la población de la India estaba formada por dalits, un término genérico aplicado a personas consideradas demasiado inmundas e impuras como para ser tocadas, para tenerlas cerca o sólo para ser vistas a la luz del día. Las estadísticas actuales sugieren que la proporción de intocables, conocidos como "castas clasificadas" en la jerga constitucional, se ha reducido hasta 16%, reflejando el hecho de que muchos dalits han adoptado el cristianismo, el Islám, el buddhismo o la religión sikh. Pero incluso habiéndose convertido a religiones que aseguran haber renunciado a la discriminación por castas, la estigmatización de los dalits continúa. En el sur de la India, por ejemplo, existen iglesias cristianas especiales para los dalits, una práctica copiada del hinduísmo.

Los funcionarios indios se han mostrado evidentemente hipócritas al tratarse de la discriminación por castas. En enero del 2000 el presidente de la India, K. R. Narayanan –él mismo de origen dalit–, concedió que a pesar de que la "intocabilidad" ha sido abolida legalmente, "quedan aún rastros de ella en las arraigadas actitudes nutridas por el sistema de castas". Apenas cuatro meses después, sin embargo, durante la primera reunión preparatoria de la WCAR, India declaró inequívocamente que la discriminación por castas había sido relegada al pasado.

La constitución de la India, en efecto, abolió la intocabilidad. Pero la falta de voluntad política ha dejado a la prohibición formal como poco más que una mera ficción legal. Cincuenta por ciento de los niños dalits (y 64% de las niñas) no pueden terminar la educación primaria debido en parte a que son humillados por sus maestros, mientras que la pobreza sigue abarcando gran terreno puesto que las reformas agrarias no se han implementado. Un estudio llevado a cabo en 1997 por Navsarjan, un grupo privado de investigación, mostró que los dalits eran propietarios legales de 6000 acres en 250 aldeas del estado de Gujarat, pero no poseían físicamente ni un ápice de dichas tierras. Según los datos del propio gobierno indio, más de 800,000 dalits se dedican a la inhumana tarea de manejar manualmente heces fecales humanas, un papel basado en las castas que fue reforzado por el apoyo financiero que dió el Banco Mundial para la construcción de letrinas secas.

Aún más perturbador es que los intocables siguen siendo sujeto de violencia extrema, particularmente cuando sobrepasan las tradiciones de casta. En un caso relacionado con 79 familias dalit que fueron confinadas durante 27 meses en la aldea de Devaliya, la Comisión de los Derechos Humanos de la India concluyó: "Cuando los jóvenes dalit hacen valer su derecho a un trato igualitario, intentan proteger su dignidad y la de sus mujeres, o se resisten a la perpetración de atrocidades en su contra, son con frecuencia tachados de 'extremistas', implicados falsamente en supuestos crímenes y asesinados en encuentros escenificados. Cuando se resisten como grupo, las matanzas al mayoreo, los incendios premeditados, las violaciones masivas de sus mujeres y los desfiles de mujeres desnudas en las aldeas son acontecimientos comunes".

Un estudio reciente realizado por la Human Rights Watch corrobora el descubrimiento de tal brutalidad sistemática y premeditada ocurrida cuando los dalits se enfrentan a la discriminación por castas, siendo las mujeres las que sufren reprimendas particularmente salvajes. Durante las masacres de dalits en Bihar, un estado del norte de India, los perpetradores le dispararon a las mujeres dalits en la vagina. En el sur, cientos de mujeres dalits son víctimas del Devdasi, un sistema de prostitución en nombre de la religión que los indios de castas superiores con gusto exentan de la práctica de la intocabilidad.

Claro, las cuotas fijas de empleo en favor de los dalits han mejorado sus prospectos de vida, pero no por mucho. Los dalits y los tribals de clase baja, quienes en conjunto representan 23% de la población de la India, poseen sólo 5% de los puestos civiles. Los grupos de casta superior, en contraste, representan 25% de la población, pero tienen 89% de esos puestos (así como la mayoría de los altos puestos políticos y empresariales). Pero incluso esta restricción menor de los privilegios de las castas superiores ha ocasionado dos sangrientos disturbios desde la introducción de las cuotas, los cuales resultaron en la muerte de cientos de dalits.

Alarmado por la vergüenza potencial a la que se enfrenta por haber negado la existencia de la discriminación sistemática y violenta contra los dalits, ahora el gobierno de la India asegura que las castas no son razas y que por tanto no pueden ser incluídas en la agenda de la conferencia de la ONU en Durban. Para fortuna de los dalits, la Comisión para los Derechos Humanos de la ONU rechaza este argumento, declarando que "la situación de las castas clasificadas está incluída en el ámbito del artículo 1º de la Convensión Internacional sobre Eliminación de la Discriminación Racial".

Los líderes dalits sostienen que si la discriminación por castas en la India viola la Convensión, debería ser incluída en el borrador de la conferencia de Durban bajo el encabezado "discriminación basada en el trabajo y la descendencia", una fórmula introducida por Barbados y por Suiza. Pero el comité que definirá el borrador de la WCAR enfrenta gran presión para rechazar esta demanda, y no sólo de funcionarios indios. Formas similares de discriminación por castas, incluyendo el trabajo garantizado por obligación escrita, son comunes en Nepal, Paquistán, Bangladesh y Sri Lanka, quienes aplauden la falsa sutileza de la India.

Pero el propósito de la reunión de la ONU en Durban no es regatear con la semántica de "casta" o "raza". Su misión es desarrollar los medios para combatir la discriminación genealógica, de forma que lo que el gobierno de la India, o cualquier otro gobierno, califica de problema interno, no se vuelva una condición eterna. Habiendo apoyado a los opositores del apartheid y de Jim Crow, es triste que la India rechace la responsabilidad por el activo desastre de derechos humanos causado por su atrincherado orden social.

Martin Macwan, un activista dalit, ha sido galardonado con los premios Robert F. Kennedy, Gleitsman y Human Rights Watch y organizó la "Campaña Nacional de Derechos Humanos de los Dalits" en la India.

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