Wednesday, October 1, 2014
0

¿Zoellick al rescate?

¿Será capaz Robert Zoellick, el recién nombrado Presidente del Banco Mundial, de hacer volver a la organización a su curso normal después de la desastrosamente fallida presidencia de Paul Wolfowitz? Aunque difícilmente es una estrella refulgente de la categoría de Bob Rubin, sin duda aporta algunos atributos positivos al cargo.

En primer lugar, como actor clave en hacer que China se integrara a la Organización Mundial de Comercio, Zoellick es un internacionalista probado en una administración estadounidense donde a veces los internacionalistas han parecido una especie en peligro. Segundo, es un firme partidario del poder de los mercados y del libre comercio, que claramente han hecho más por paliar la pobreza en el último medio siglo que cualquier programa de ayuda. Tercero, parece haber sido un constante soporte tras bambalinas para el Banco, mientras que muchos de sus colegas de la administración Bush estarían felices de verlo cerrar sus puertas y convertir sus oficinas centrales en Washington en oficinas y condominios privados. De modo que probablemente tenga una visión constructiva sobre el futuro del Banco.

Sin embargo, no carece de debilidades. Antes que todo, su nombramiento prolonga la vergonzosamente añeja práctica de siempre poner a un estadounidense en el cargo. Teniendo en cuenta la incansable prédica del Banco elogiando los méritos del buen gobierno, esta falta de adopción de principios democráticos socava su propia legitimidad. El argumento de que el Banco Mundial necesita un presidente de nacionalidad estadounidense para asegurar que Estados Unidos siga donándole dinero es ridículo. El coste anual de la contribución de EE. UU. al Banco Mundial, incluso tomando en cuenta las garantías de préstamos extracontables, es relativamente pequeño. Varios países en desarrollo, como China, India o Brasil, fácilmente podrían aumentar su aporte si Estados Unidos cometiese la tontería de eliminar el suyo.

La formación de Zoellick como abogado difícilmente lo hace perfecto para el trabajo. La presidencia del Banco Mundial no consiste en negociar tratados, como lo hizo cuando era Representante de Comercio de EE.UU. El papel más importante del Banco en el desarrollo actual es ser un "banco de conocimientos" que ayude a reunir, seleccionar y diseminar las mejores prácticas de todo el mundo. En este sentido, la asistencia técnica del Banco a los gobiernos es muy similar a lo que ofrecen los consultores privados a las compañías.

Más aún, muchas de las decisiones más importantes del presidente del Banco Mundial implican la economía de una manera esencial. Las decisiones económicas erróneas, como en los años 70, cuando Robert McNamara impulsó proyectos grandiosos pero ambientalmente devastadores, han afectado al Banco por décadas.

No obstante, la mayor interrogante es si Zoellick será capaz de comenzar a ejecutar e implementar reformas que se necesitan desesperadamente. Por supuesto, la reforma número uno es asegurarse de que el siguiente Presidente del Banco Mundial no sea estadounidense. Rodrigo de Rato, la contraparte de Zoellick en el Fondo Monetario Internacional, dominado por Europa, ya ha sugerido que su sucesor debería ser electo mediante un proceso más incluyente. El Banco Mundial debería estar avergonzado de que su presidente no haya ofrecido aún una propuesta similar.

En segundo lugar, Zoellick debería preguntar por qué el Banco gasta apenas un 2,5% de su presupuesto en la función de investigación del “banco de conocimientos” que anuncia con tanta fanfarria en sus materiales de relaciones públicas, mientras que dedica tres veces esa cantidad a mantener su junta ejecutiva.

En tercer lugar, Zoellick debería usar sus formidables capacidades negociadoras para aumentar en gran medida el componente de subvenciones de la ayuda del Banco Mundial. Hoy en día es risible la idea de que se necesita un gran banco global con fondos garantizados por los gobiernos para llenar agujeros en los mercados de capitales privados. Es cierto que los clientes más pobres del Banco tienen poco acceso a mercados de capitales privados. Sin embargo, no hay duda de que los países más pobres necesitan subvenciones, no préstamos que no podrán pagar en 20 años.

A medida que el Banco pasa de hacer préstamos a otorgar subvenciones, puede usar algunas de sus enormes ganancias retenidas para potenciar su función de “banco de conocimientos” y la asesoría técnica relacionada. Pero este conocimiento no debería ser gratuito. Muchos consejos técnicos caen en oídos sordos, cuando los países escuchan sólo lo suficiente como para que les permitan poner sus manos en el dinero del Banco. En lugar de meramente impulsar su agenda, el Banco debería comenzar a cobrar por su asesoría técnica en una escala gradual, de manera que más de sus proyectos tengan su origen en la iniciativa de los propios clientes.

Por último, pero no menos importante, el Banco debe jugar un papel mucho mayor en los problemas medioambientales y, en general, en promover una participación responsable y positiva en el concierto internacional, tanto por parte de los países ricos como de los pobres. (Algunos de nosotros hemos estado proponiendo esto por ya casi dos décadas.)

Por supuesto, Zoellick podría sólo intentar desempeñar el papel de manera simbólica y hacer poco o nada, como lo han hecho algunos de sus predecesores. O, lo que es menos probable, podría abrazar una visión megalomaniaca y extralimitada de intervención sobre los gobiernos, como otros han intentado. En cualquier caso, le deseo suerte. El mundo necesita al Banco Mundial mucho más que a otro condominio.

Hide Comments Hide Comments Read Comments (0)

Please login or register to post a comment

Featured