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Into Africa

Obama en África

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2009-07-02

BERKELEY – El 10 de julio, un importante descendiente del África negra hará un regreso triunfal a su tierra de origen.

Los estudiosos hablan de que “el imperio devuelve el golpe”, refiriéndose a los antiguos pueblos colonizados, como, por ejemplo, los inmigrantes procedentes de África y de la India, que se establecen en Europa y en Norteamérica y después ponen en tela de juicio las normas raciales e identitarias. En su primer viaje oficial a África, el Presidente de los EE.UU. Barack Obama va a devolver el golpe de forma novedosa. Su visita a Ghana pone de relieve la conveniencia de que personas destacadas procedentes de la diáspora hagan una contribución positiva a los asuntos africanos.

Pero la visita de Obama, pese a estar cargada de simbolismo, revela los límites de su poder. Agobiado por los problemas económicos en los Estados Unidos y las guerras en el Iraq y en el Afganistán, no puede actuar con audacia en África ni hacer grandes promesas.

De hecho, transcurridos ya seis meses de su presidencia, ya ha defraudado un poco las esperanzas. Ha abordado con mucha cautela  la tarea de resolver los conflictos violentos de la región: en Darfur, Congo oriental y Somalia. También ha mantenido una distancia prudencial respecto de los fracasos políticos de África, en particular en Zimbabwe, donde se ha resistido a los llamamientos para que contribuyera a la destitución de Robert Mugabe.

La cautela de Obama es lógica. Al fin y al cabo, no quiere que lo cataloguen como “el Presidente de África”, pero, al optar por el comedimiento en lugar de la intervención ha decepcionado tanto a los africanos comunes y corrientes como a los activistas internacionales.

Como sus predecesores, George W. Bush y Bill Clinton, Obama no quiere caer en enredos desastrosos de la política interior de África. Bush no hizo nada para poner fin a las matanzas en Darfur ni para acelerar la salida de Mugabe del poder. Por su parte, Clinton abandonó vergonzosamente Somalia después de las muertes de soldados americanos en Mogadiscio... y nada hizo ante el genocidio de Rwanda.

Para Obama, África hasta ahora sigue siendo un telón de fondo sobre el que define su identidad americana. Como explicó en sus memorias Los sueños de mi padre , al visitar por primera vez Kenia, país natal de su padre, se sintió más americano –y menos africano– que nunca.

Al decidir visitar Ghana, antigua colonia británica e importante punto de la ruta del comercial mundial de esclavos en los siglos XVIII y XIX, Obama pasó por alto la Kenya de su padre. Kenya está enredada en enconadas disputas tribales y entorpecida por un gobierno descaradamente corrupto.

En cambio, Ghana representa el lado bueno de África. Recientemente celebró unas elecciones impecables y en las que la oposición obtuvo el poder. Su economía crece. Las relaciones étnicas en esa nación, caracterizada por una gran diversidad, son de las mejores del mundo.

Obama va a estar en tierra africana tan sólo dos días, durante los cuales se espera que subraye el papel de los Estados Unidos en el fomento de la buena gestión de los asuntos públicos y la no violencia en África: objetivos que hace mucho que ocupan un puesto destacado en el programa público de los Estados Unidos. La nueva prioridad de Obama –la de aumentar el apoyo a los agricultores africanos– refleja una inteligente comprensión de que la expansión de la agricultura puede sacar rápidamente de la pobreza a muchos africanos de zonas rurales.

“El Gobierno va a dedicar durante varios años una cantidad importante de fondos al desarrollo agrario”, dijo Johnnie Carson, el candidato de Obama para Secretario de Estado de Asuntos Africanos, antes de que el Presidente viajara.

No es de esperar que Obama se enfrente al aspecto más polémico de las relaciones de los EE.UU. con África: el nuevo mando del ejército americano en África. Bush, que creó el mando, concedió nuevos poderes al Departamento de Defensa de los EE.UU.  para que participara en asuntos civiles en África y aumentase su asociación militar con gobiernos de esa región.

No es probable que Obama diga si reducirá el papel militar de los EE.UU. en esa región o si la dependencia cada vez mayor de los Estados Unidos del petróleo africano es la verdadera razón –y no la ascendencia de Obama– para cortejar a los africanos. La falta de franqueza de Obama no lo perjudicará en los EE.UU, donde los cálculos políticos internos tienen prioridad. La verdad es que su visita a África es una retribución a sus resueltos partidarios africanoamericanos, que votaron abrumadoramente por él en las elecciones del pasado mes de noviembre y siguen siendo un pilar de su base.

Para los afroamericanos, Ghana tiene un significado especial. Este país desempeñó un papel importante en pro de los derechos civiles en los Estados Unidos, por ejemplo. En 1957, cuando la segregación legal parecía muy arraigada en los EE.UU, el primer Presidente de Ghana, Kwame Nkrumah, aprovechó la ocasión de la independencia de su país respecto de Gran Bretaña para poner de relieve las injusticias padecidas diariamente por los negros americanos. Invitó a Martin Luther King, Jr. a su inauguración y brindó por primera vez una plataforma mundial al dirigente de los derechos civiles.

Malcolm X, el dirigente nacionalista negro, visitó Ghana dos años después y de nuevo en 1964. Nkrumah invitó a W.E.B. Du Bois, el intelectual negro más importante del siglo XX, a visitar Ghana en 1961. Du Bois se nacionalizó y vivió en Ghana hasta su muerte. Actualmente centenares de afroamericanos viven todo el año en Ghana y algunos a poca distancia del Castillo de la Costa del Cabo, el fuerte esclavista desde el que se enviaban los barcos con carga humana hasta que Gran Bretaña puso fin a la trata en 1807.

Obama, culto y muy reflexivo, sabe que los americanos negros verán su visita a Ghana con ojos muy distintos de los americanos blancos. Así, pues, su tendencia a ver a África con una lente americana es a un tiempo comprensible e inevitable. Sin embargo, sus raíces africanas le brindan una capacidad excepcional para transformar las relaciones americanas con África, exaltar la importancia de la autoconfianza y los logros africanos y al tiempo esforzarse para que la ayuda americana sea más inteligente y eficaz.

G. Pascal Zachary es  autor de Married to Africa (“Casado con África”), sus memorias.

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