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¿Terminará la guerra de Irak con la globalización?

Es una percepción generalizada el que la ONU y la OTAN han sufrido un daño, si no una ruptura, por no haber llegado a un acuerdo acerca de qué hacer con Irak. ¿Afectarán estas fisuras del sistema político internacional la arquitectura económica mundial y, con ello, también la globalización?

Nunca ha sido fácil llegar a acuerdos económicos internacionales. Lograr el consenso entre los 145 miembros de la Organización Mundial de Comercio, en donde un disentimiento puede causar los mayores problemas, era difícil incluso antes de que los gobiernos del mundo se dividiesen entre los bandos pro y antiestadounidenses. De hecho, los acuerdos de comercio multilaterales estaban siendo eclipsados por los tratos bilaterales, como los que fueron firmados entre la UE y varios países en desarrollo, mucho tiempo antes de que aparecieran las divisiones acerca de Irak.

Por supuesto, el problema es más profundo y no todo lo que afecta a la globalización se ha vuelto más complicado. Los controles migratorios, por ejemplo, se han relajado en varios países europeaos (notablemente Alemania) debido a la población en disminución y a las fallas del sistema educativo. Pero es muy raro que los malos momentos económicos sean la ocasión en que los gobiernos impulsen arriesgadas propuestas económicas.

La fragilidad económica de las economías líderes del mundo es el mayor obstáculo en la ruta de la globalización. A EEUU y la UE les quedan pocos mecanismos fiscales y monetarios para combatir el débil desempeño de la economía. Las tasas de interés de corto plazo en EEUU, de 1.25%, son las más bajas en 40 años. El congreso ha aprobado $100 mil millones del plan de reducción de impuestos por $726 mil millones a 10 años de la administración Bush, y el déficit presupuestario estadounidense proyectado de $2 billones a 10 años crecerá con el aumento de los costos de la guerra de Irak, a lo que se sumará la solicitud suplementaria del Presidente Bush de $75 mil millones (0.8% del PGB) en gastos militares adicionales este año.

Estos riesgos del gasto absorben recursos productivos que se podrían haber empleado más efectivamente en otras áreas, tal como lo demostró el rápido crecimiento de la producción y los ingresos tras el así llamado "dividendo de la paz" que arribó con el fin de la Guerra Fría. Más aún, no habrá, como en la Guerra del Golfo de 1991, el aporte de otros países (las naciones árabes, Alemania y Japón) para ayudar a cubrir los costos militares de Estados Unidos. Volvemos ahora a la situación más normal en que la guerra se financia mediante la deuda del gobierno, que recae sobre los hombros de las generaciones futuras, a menos que la inflación la vaya desgastando.

En la Eurozona el campo de acción del estímulo fiscal (menores impuestos y/o mayor gasto público) estaba limitado hasta que la guerra abrió un hueco en el Pacto de Estabilidad, que obliga a que los déficits presupuestarios de los países miembros no superen el 3% del PGB. Ahora el límite se hará menos estricto debido a las "excepcionales" circunstancias de la guerra de Irak, dando un respiro, irónicamente, a los principales oponentes europeos a la guerra, Francia y Alemania. Pero el Banco Central Europeo sigue reacio a relajar la política monetaria.

En Japón, parece haber pocas esperanzas de que la segunda economía mundial pueda salir por sí misma de su propia trampa deflacionaria y genere así la demanda necesaria para compensar las debilidades de las economías de otros países del mundo. Cuatro años de deflación y una dilatada crisis bancaria ofrecen pocas perspectivas de un estímulo económico. Los mayores precios del petróleo y el menor volumen de comercio sólo agravan el problema.

Pero el alto precio del petróleo amenaza la salud de toda la economía mundial de $45 billones. Los precios del crudo se han acercado a su nivel más alto desde la Guerra del Golfo y subirán más aún si la infraestructura petrolera de Irak (o la de los países vecinos) resulta dañada. Los efectos adversos sobre el crecimimiento se sentirán en todas partes, pero tal vez en ningún lugar más que en Corea del Sur y China, que dependen de la energía importada. Aunque el crecimiento oficial de China llegó al 8% en 2002, su alto déficit presupuestario y su gran cantidad de préstamos no productivos (cerca del 40% del PGB) significan que no puede darse el lujo de una baja en la actividad económica, si es que desea mantener buenos niveles de empleo, especialmente en las áreas rurales.

Algunas economías pobres se verán directamente afectadas por la pérdida el mercado iraquí, destino de cerca del 40% de las exportaciones de té y el 20% de las exportaciones de arroz de Vietnam. Para otros, las debilidades de las grandes economías mundiales pueden crear riesgos políticos.

Turquía ha sufrido con el aumento de los precios del petróleo, la caída de los ingresos por turismo (su segunda mayor fuente de divisas extranjeras) y el declive de la inversión extranjera. Ahora el tibio apoyo del gobierno de Erdogan a la política estadounidense sobre Irak expone a Turquía a dudas acerca del compromiso de EEUU con su bienestar económico, y los mercados globales pueden cuestionar su capacidad de pagar la deuda de $100 mil millones de su sector público en 2003 y 2004.

La prueba de si es posible volver a la cooperación multilateral y ésta se puede conciliar con la guerra de EEUU contra el terrorismo y la diseminación de las armas de destrucción masiva puede ocurrir cuando sea necesario reconstruir Irak. Puesto que los costos de derribar a Saddam Hussein y ocupar Irak probablemente fluctuarán entre $100 y $600 mil millones durante la próxima década, EEUU querrá "internacionalizar" la reconstrucción de Irak. Los $20 mil millones anuales de ingresos por el petróleo de Irak no pueden cubrirlos. De hecho, cubrirán apenas los costos de reconstruir la infraestructura básica, alimentar y dar vivienda a las poblaciones desplazadas y pagar la administración civil del país.

Después de la expulsión de los talibanes el año pasado, la ayuda de $4.5 mil millones para la reconstrucción del país, entregada al nuevo gobierno afgano, demostró que es posible un enfoque multilateral de la reconstrucción. Pero la atmósfera envenenada que quedó flotando tras los debates de la ONU acerca de Irak puede impedir que EEUU llegue a ese punto. El Presidente francés Jacques Chirac ya ha prometido vetar cualquier resolución del Consejo de Seguridad en que la reconstrucción parezca justificar la guerra. Si la economía mundial ha de recuperarse, los fracasos diplomáticos y las recriminaciones mutuas deben terminar.

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