Saturday, October 25, 2014
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¿Sobrevivirá el euro a la crisis actual?

CAMBRIDGE – La Unión Económica y Monetaria (UEM) y el euro están a punto de celebrar su décimo aniversario. La introducción del euro se hizo sin problemas graves y desde entonces ha funcionado bien, pues el Banco Central Europeo ha cumplido con su único mandato, que es el de mantener baja la inflación.

Pero la crisis económica actual puede constituir una prueba severa sobre la capacidad del euro para sobrevivir en tiempos más turbulentos. Si bien la crisis podría fortalecer las instituciones proporcionadas por la UEM, también podría crear múltiples riesgos, de los que los países miembros deben ser conscientes, si quieren evitarlos.

El problema principal es el de que las condiciones en cada uno de los miembros de la UEM pueden desarrollarse de formas tan diferentes, que algunos dirigentes políticos nacionales podrían sentir la tentación de pensar que sería más útil para sus países adoptar una combinación de políticas diferente de la de otros miembros. Las diferencias actuales en cuanto a los tipos de interés de los bonos estatales de la zona del euro muestran que los mercados financieros consideran que la posibilidad de una ruptura es real. Los bonos estatales a diez años de Grecia e Irlanda, por ejemplo, rinden ahora casi un punto porcentual por encima del tipo de interés de bonos alemanes comparables y el tipo de interés de Italia es casi igualmente elevado.

Desde luego, ha habido muchos ejemplos en la Historia de uniones monetarias o Estados con una sola moneda que se han escindido. Aunque hay razones técnicas y jurídicas por las que dicha escisión resultaría más difícil en el caso de un país de la UEM, no cabe duda de que, si de verdad lo deseara, un país podría retirase.

La razón más evidente que un país podría invocar para retirarse es la de escapar de una política monetaria idéntica para todos, impuesta por la moneda única. Un país que se encuentre con su economía muy deprimida en los próximos años y tema que vaya a ser un problema crónico podría sentir la tentación de abandonar la UEM para aliviar las condiciones monetarias y devaluar su moneda. Aunque eso puede ser o no económicamente acertado, un país que padeciera una profunda contracción económica podría perfectamente adoptar semejante decisión.

El Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que limita los déficits fiscales de los miembros de la zona del euro, es otra razón por la que un país podría desear abandonar la UEM. Ante una grave contracción económica, un país puede desear aplicar una política keynesiana tradicional mediante estímulos fiscales en gran escala y financiados mediante déficit. Aunque el Pacto de Estabilidad y Crecimiento puede ser lo bastante elástico para permitir algunos estímulos mediante déficit, un país puede sentirse limitado para actuar todo lo resueltamente que desearía.

La actual crisis financiera plantea otro problema más: la falta de un claro “prestamista de último recurso”. Está por ver hasta qué punto se mostrará dispuesto el BCE a facilitar a los bancos centrales nacionales el volumen de euros necesario para desempeñar ese papel plenamente. Si un país ve que sus bancos fallan, porque su banco nacional no puede prestarles lo suficiente, puede optar por abandonar la UEM para que su banco central pueda facilitar la cantidad de moneda local que considere necesaria.

Además, la actual crisis económica ha hecho que se vuelva a hablar de la necesidad de que la Unión Europea tenga competencia en materia tributaria. Sea cual fuere la lógica de esa propuesta, abriría una vía para una redistribución de rentas mucho mayor. Los países con grandes ingresos podrían considerarla una razón suficiente para desear retirarse.

Aun cuando las autoridades no deseen abandonar el euro, pueden llegar a hacerlo como consecuencia de una estrategia encaminada a lograr que otros países acepten un cambio de política. Un país que considere que la política fiscal o monetaria es demasiado restrictiva puede amenazar con retirarse, si no se cambia dicha política.

Se trata de un claro riesgo importante, si el país es Alemania o Francia, pero, aun cuando sea uno de los países más pequeños, podría ser una grave amenaza, porque se podría considerarlo el comienzo del fin. Así, pues, cualquiera de las dos clases de países podría plantear la amenaza con la esperanza de que fuera suficiente para que sus colegas de la UEM acordaran su deseado cambio de política. Naturalmente, el riesgo es el de que los otros países no se dejen intimidar. Entonces el país amenazador se encontraría ante la disyuntiva de aceptar una derrota humillante y permanecer o atenerse a sus “principios” y retirarse.

En todo esto hemos dado por sentado que los dirigentes políticos optarían sólo por un cambio de política que consideraran beneficioso a largo plazo para su nación, pero también existe el riesgo de que algunos políticos actúen exclusivamente por interés personal, aprovechando la contracción económica como oportunidad para ser elegidos gracias a la promesa de retirar su país de la UEM o diciendo que, si los otros países miembros no aceptan los cambios de política que proponen, amenazarán con hacerlo.

Ninguno de esos riesgos supone que la Unión Monetaria vaya a ser inevitablemente la víctima de esta profunda contracción económica, pero ésta va a ser una prueba más severa para el euro que ninguna de las que ha afrontado durante sus diez primeros años.

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