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Los centristas no consiguen afianzarse

WASHINGTON – En la mayoría de las democracias avanzadas, un gran partido de centro derecha compite con una gran partido de centro izquierda. Naturalmente, el grado en que un sistema electoral favorezca a los grandes partidos –imponiendo importantes mínimos de votos populares para entrar en el Parlamento o mediante circunscripciones en las que el ganador consigue todos los diputados correspondientes a ellas– afecta el grado de fragmentación política, pero, en general, las democracias desarrolladas se caracterizan por la competencia entre partidos grandes de centro izquierda y de centro derecha. Entonces, ¿qué pueden hacer centristas auténticos como Mario Monti, el respetado Primer Ministro tecnocrático de Italia?

Desde luego, las lealtades regionales y étnicas desempeñan un papel mayor en algunos lugares de Europa –por ejemplo, Escocia, Bélgica y Cataluña–, pero mucho más aún en los países en ascenso, donde las divisiones políticas reflejan también circunstancias poscoloniales concretas y con frecuencia la herencia del gobierno de un solo partido. Aun así, incluso en las democracias “con un mercado en ascenso”, como, por ejemplo, Chile, México, Corea del Sur y la India, la división derecha-izquierda desempeña un papel importante, mientras que los que reivindican el centro político siguen siendo por lo general débiles.